sábado, 29 de enero de 2011

Capítulo 40

El resto del vuelo transcurre tranquilo, llegamos cuando la noche posa con todo su esplendor, los chicos se han dormido prácticamente en la misma posición, les hago una foto antes de que Adrienne rompa el encanto y los despierte. Es la primera foto que tengo de ellos, después de cuatro meses en USA. La mayoría de las fotos de estas vacaciones son de Jacob con sus padres en el parque de agua, Joseph y yo apenas hicimos fotos de nuestras salidas.


Oh sweet home California! Las vacaciones no me han dado todo lo que esperaba de ellas, pero aún así, le agradezco a Hawaii el haberme dado la oportunidad de conocer más a Joseph y unirme más a Jacob.

Sale el sol, me siento la cama, me pongo mis zapatillas, me levanto, ando hasta el baño, cierro la puerta, me desnudo, entro en la ducha, salgo, me visto, y bajo a desayunar, todo normal en un día corriente hasta que entro en la cocina. Allí están Billie y Adrienne charlando tranquilamente ¿sigue pareciendo normal, verdad? Pero justo al verme pasar por su lado se silencian con las miradas. Si pasas al lado de dos personas y se callan solo puede significar dos cosas a mi entender: te están criticando, están criticando a alguien que conoces.

-¿Qué ocurre?- Pregunto con miedo. Ellos se miran y, ante la falta de iniciativa de mi padre, Adrienne se levanta y coge un sobre de la encimera, uno muy grande, uno de color marrón, uno que susurra mi nombre.

-Melanie, esto es tuyo.

Efectivamente, lleva mi nombre en una etiqueta pegada al dorso junto con el símbolo de California.

-¿Qué es?-Pregunto.

Como si fuera a averiguarlo más rápidamente que ellos formulando esa pregunta.

-Ábrelo.- Me anima Billie con una sonrisa de oreja a oreja.

Despego el papel lentamente, rasgándolo con cuidado por la solapa. Ahí vamos. Creo saber de qué se trata antes de sacar el primer folio: son los resultados de la prueba de admisión a la universidad. Trago aire antes de aguantar la respiración en el proceso en el que tardo en sacar los folios del sobre. Cierro los ojos, respiro, los abro… Apta.

-He aprobado…- susurro aliviada.

Ellos parecen aliviarse también. Mi padre me aprieta el hombro con su mano, orgulloso, creo. Sonrío.

-Enhorabuena, Melanie.- Salta una voz desde detrás de la encimera. ¿Cuánto tiempo lleva ahí?

-Gracias Josh, buenos días a ti también.


-Por cierto, papá, he decidido que voy a aprobar matemáticas.

Aquella conversación que todos tuvimos con papá una noche vuelve de nuevo a mi mente, Billie le prometió un bonito premio si aprobaba la asignatura que tiene clavada en el alma.

-Luego hablamos.- Corta Billie.

No me entretengo más allí, ni siquiera desayuno, como era el propósito principal de la mañana, subo directamente a la habitación de Jacob y entro directamente. Me sorprende verlo tumbado en la cama, despierto y mirando el techo pensativo, resulta raro en Jake.

-¡He aprobado!


-¡Enhorabuena, Mel! Lo sabía.


-¿Ocurre algo, Jake?


-Mmm no… nada grave por el momento.- Entro y cierro la puerta.- Hoy parece que va a ser uno de esos días en los que apetece llorar.

Mi hermano mira por la ventana, es cierto, está nublado y eso, en California, puede ser motivo de llanto para muchos pero creo que Jacob se siente mal por un motivo diferente.

-¿Aún le das vueltas a lo de Hawaii?


-No, la cagué, punto. Pero… jo, Mel… te lo tengo que preguntar o no me sentiré bien.


-Claro, dime.


-Y sé sincera, porfa.


-Siempre, Jake.


-Verás, no consigo acordarme muy bien de… bueno, de la noche… pero creo que en algún momento hablamos ¿no?


-Sí.


-¿Qué te dije?


-Pues…- finjo que estoy recordando para intentar decidir qué debería decirle, si me pregunta esto tan preocupado solo puede ser por un motivo: no quería decirme lo que me dijo- me pediste que te llevara a España, creo.

Por una parte, me siento mal por mentirle (mejor dicho, por ocultarle información), pero pienso que en el fondo se sentirá mejor así, si decide contarme algo, que sea por propia voluntad y no por la de una mala noche.

-¿Te lo pedí… por algún motivo… o algo?


-Mmm no… surgió sin más.- Intento que mi voz suene lo más desinteresada posible.- ¿Te preocupa haber dicho algo malo?


-Sí, la verdad es que sí, bastante, no fue mi mejor noche.


-Solo me dijiste eso y que el camarero tenía pinta de asalta cunas.

Ambos nos reímos, puedo ver a Jacob más relajado.

-De todos modos, Jake, puedes contarme lo que quieras.


-Tú también lo sabes ¿no? Porque a veces pienso que no soy lo suficiente bueno para guardar tu secreto…

-¿Se trata de un intercambio? ¿Es eso?- Pregunto algo molesta, no con Jake, si no con la situación, a mi me encantaría poder contárselo pero su forma de verme podría cambiar totalmente, lo que me da que pensar ¿y si fuera eso lo que le ocurre a él también?

-No… pero me estás pidiendo que confíe en ti, cuando tú no confías en mí…


-Jacob Amrstrong que te quede bien claro, eres la única persona aquí a quien le confiaría mi vida, no a Zack, no a papá y tampoco a Josh ¿de acuerdo?

Parece sorprenderle, me mira con cara de ¿indignación?

-¿Entonces?


-Dame tiempo…


-Claro. Lo mismo te digo.

Parecemos idiotas, ambos queremos soltarlo pero lo único que hacemos es pedirnos tiempo, a veces me gustaría que me atosigara un poco, que la preocupación o la simple curiosidad pudiera con sus principios morales, pero sé que Jacob no es así y lo sé porque yo soy jodidamente parecida.

Algo aparece para cortarnos el mal rollo, Joseph entra sin permiso en la habitación.

-Hola, hermano- pasea su vista por el cuarto entero para comprobar si debe saludar a alguien más y allí estoy yo- hola, persona- siempre tan agradable- tengo noticias.


-Y nosotros cerebro… fuera de mi cuarto, Josh, nadie te ha invitado.


-Pero que borde eres cuando quieres, Jake.

Estoy tentada de responder “como tú” pero eso me delataría de nuevo, apoyando el bando de Jacob así que prefiero quedarme callada.

-Es una noticia que os interesa.


-No nos…


-Déjale hablar, Jake- Sí he apoyado a Joseph y no me ha pagado, espero que merezca la pena.

-Dentro de poco… en casa… ¡habrá un nuevo miembro!


-Oh no… Que alguien avise a protección de animales, Josh quiere una mascota.- Bromea su hermano.

-Un perro, probablemente.- Sonríe Josh orgulloso.

-Lo tienes muy claro- intervengo- ¿vas a aprobar seguro?


-Sí, solo necesitaba motivación, no era esto lo que más quería pero he pensado que es un buen regalo ¿qué opináis? A papá le parece bien y mamá me ha dicho que con tal de que no entre el bicho en casa…


-Te deja entrar a ti y no deja entrar al perro, no veo la diferencia.


-Oh, Jake, crece, esa broma ha sido muy barata.

-Josh.- Digo cambiando de tema, no he tenido oportunidad de hablar con él desde nuestra discusión, quizá este sea un buen momento- ¿Crees que se debería hablar lo que pasó en Hawaii?

Nótese el efecto de la impersonalidad en la oración, espero haberla compuesto bien.

-Está todo bien, Mel, no problem.


-¿Qué pasó?- por supuesto, el rey cotilla ha de hacer su trabajo.

-Joseph se enfadó conmigo…


-Yo no me enfadé, solo me molesté.


-¡Wooh la nueva no-hermana ha conseguido algo que yo no he conseguido en 12 años de vida!


-Iros a la mierda.

Josh sale de la habitación riéndose por el comentario de Jacob. Creo que debería hablar con él, hay ciertas cosas que puedo dejar pasar sin más, pero no esto.

-Ahora vengo.

No consigo nada, Joseph sigue insistiendo en que no quiere hablar del tema, peor para él si quiere guardarse esos sentimientos, sería la primera vez que Josh no dice algo en voz alta.

En su cuarto parece nervioso, como si no le gustase que yo estuviese ahí. Sinceramente yo tampoco me encuentro muy cómoda rodeada de tanta pornografía, hard punk y oscuridad. Quizás debería salir ya.

-Oye, Mel, lo que voy a hacer ahora… va a molestarte… va a molestarte mucho…

Me impresiona su frase… abro mucho los ojos y miro a mi alrededor, asustada, llamadlo paranoia…

-¿Cómo sabes que va a molestarme?

Él no responde atraviesa su habitación y abre el último cajón de su mesita de noche. Revuelve las cosas y saca un sobre. Joseph mira el sobre, el sobre mira a Joseph y finalmente ambos me miran a mí. Me lo extiende.

-Llegó antes de que nos fuéramos a Hawaii y Adrienne lo dejó un tu escritorio…

El pequeño sobre tiene mi nombre escrito a mano con letra angulosa y pequeña pero legible e increíblemente bonita, y pienso así porque sé quién ha escrito mi nombre de esa manera…

-¿Por qué me lo quitaste?- Pregunto triste, acariciando las letras de mi nombre con los pulgares.

Josh no responde. El sobre está abierto, lo que significa que ahí está la respuesta, lo que significa que todo lo vivido con Joseph no ha significado una mierda si luego no respeta nada.

-Eres el ser más egoísta que he conocido nunca.

lunes, 3 de enero de 2011

Caítulo 39

Mi despertador es el sonido de la cadena del váter, abro los ojos muy lentamente y la luz que reciben es casi dolorosa. Mundo cruel. Veo a Jacob salir del baño con las manos en la barriga y muy mala cara.


-Juro que no volveré a beber nunca más…


-Eso decimos todos la primera vez.- Josh se despierta desperezándose con poco cuidado y dándome un codazo en la espada.

-Será mejor que no bajes a desayunar…- Observa mi mente experta, observa demasiado tarde: tocan a la puerta, pero no exactamente la puerta del pasillo, llaman a la puerta que conecta las dos habitaciones por lo que solo pueden ser dos personas. Bien, no hay nada mejor para despertarse que haber de enfrentarse a la realidad.

En vista de la poca intención de colaboración por parte de mis compañeros de cuarto, me levanto y abro la puerta, es Billie. Al sobrepasar el umbral se para cerca de la puerta cerrada del baño, la cual ha decidido encubrir a Jacob, y arruga la nariz.

-¿Qué ha pasado aquí?

Joseph empieza a reírse.

-A Jake le ha sentado mal algo y no se encuentra bien, cenaría algo en mal estado, no sé- intento disculparle sin mucho éxito.

-¿El qué?


-Un zumo, no te jode…- susurra Joseph a la almohada, pero todos lo oímos.

Billie suspira y mira a Joseph gravemente, quien sonríe divertido.

-Vale, todos abajo, id al restaurante con Adrienne, ahora iré con Jake.

Joseph, con la única finalidad de meter más cizaña y continuar con la humillación de su hermano, no se mueve y cruza los brazos bajo la cabeza.

-Tengo que ducharme…

Billie le lanza tal mirada que podría haber movilizado hasta al mismísimo ejército soviético con solo pretenderlo. Joseph finge que no es así pero se levanta tan rápido que hasta sale descalzo al pasillo.

Algún día agradecerá tener a alguien como yo a su lado, no ahora y no a mí, pero lo hará: le explico su fallo respecto a su calzado y vuelve a entrar a la habitación con una seguridad que no tiene, una seguridad que le ha sido prestada.

En cualquier caso, yo también necesito de una seguridad ajena para enfrentarme a Adrienne así que espero a que Joseph decida bajar.

De nuevo pienso, ingenuamente, que con Josh de mi parte, podré cubrir a Jacob, mente ingenua. Nada más alcanzar a Adrienne, mi hermanastro suelta:

-Mamá, dice papá que subas, a Jake le pasa algo…

Adrienne se levanta confundida y nos despide.

-Papá no había dicho nada ¿verdad?


-Verdad.


-Eres un capullo.


-¡Venga ya! Él me la hizo ayer, se la debía ¿por qué tiene que ser siempre Jacob el bueno?


-Bueno, él…- Joseph lo ha conseguido, no sé qué responderle- sois muy diferentes, Josh, él…


-Déjalo, en serio…

Me siento mal, Josh está dolido, le cuesta admitirlo, pero es cierto, lo conozco poco, pero lo justo para saber cuándo le he fallado. Él ya se encuentra sirviéndose el desayuno y yo sigo en mi lugar, sin moverme, como la idiota que soy, finalmente consigo acercarme a Josh cuando este ocupa su lugar en la mesa.

-Josh lo siento.- Él finge sorprenderse y me mira confundido.

-¿Vale?


-No Josh, no, vale no, cuando alguien te pide perdón no le puedes decir vale.


-¿Y qué quieres que te diga? ¿”las doce y cuarto”?


-Dime que me perdonas o que me odias, pero no me ignores Josh, no hagas como que no pasa nada porque eso siempre agravará las situaciones, eso es lo que os pasa a Jake y a ti: tú te vengas de él, él se vengó de ti y así sucesivamente hasta el día en el que se fundó vuestra relación.


-En ese caso… no te perdono.


-¿Por qué? ¿Por haberte llamado capullo? ¿Por creer que Jake era el bueno? ¿Por…?- Me interrumpe.

-Por preferir a Jacob.

Se vuelve a levantar de la mesa, dejándome con la palabra en la boca, más bien llevándose cualquier palabra que pudiera salir de ella porque me las ha robado todas. Ahora resulta que a Josh le molesta que prefiera a su hermano ¿prefiera? No creo que esa sea la palabra no prefiero a ninguno de los dos, los quiero a ambos y conforme los conozco, más.

Me haré perdonar, siempre lo hago. Consigo un boli de la camarera y le escribo mi nota de arrepentimiento en una servilleta: no pienso arrastrarme para conseguir un perdón por algo que no es real.

“Siento que te moleste, pero siento aún más que lo pienses.”

Dejo la servilleta bajo su vaso de zumo, y abandono el restaurante con la sensación de que mi última nota dará para una charla muy larga con ambos hermanos.

Volvemos a casa, el problema con Jacob no ha gustado nada a sus progenitores y, no sé muy bien si como castigo o como precaución, volvemos a CA. Ha sido un placer conocerte, Hawaii, lo has hecho bien, see ya!

En el avión, Adrienne se sienta junto a Jacob, quien se encuentra mejor, de hecho, está perfectamente, si no fuera por el hecho de que se siente mal por ser el culpable de arruinar las vacaciones familiares. Junto a ellos se aposenta Joseph que parece que sigue molesto conmigo, aunque sé que ha leído mi servilleta. Por lo tanto, a mi padre y a mí nos tocan los asientos de la fila de delante, aislados del resto de la familia, en el viaje de ida esos dos asientos los ocuparon Billie y Adrienne.

Mi padre mira por la ventanilla mientras yo examino minuciosamente una cabeza rubia que hay tres asientos más adelante, desgraciadamente, tengo la sensación de que en cualquier momento o en cualquier lugar me puedo encontrar con Zack de nuevo, llámalo obsesión, llámalo X, pero le echo de menos. Creo que mi sentimiento de añoranza se ve potenciado por el de culpa y es que no puedo evitar sentirme responsable de lo que le ocurrió a Jake, si simplemente hubiera cuidado mejor de él… fue algo evitable.

-No puedo evitar sentirme culpable, papá.- Él suspira ruidosamente y me mira.

-Nunca tengas hijos, Melanie, firmado: tu padre.

Papá y sus sabias frases a tiempo.

-Descuida.


-No, en serio, si lo haces, eso que sientes ahora lo sentirás el resto de tus días. Parecerá que la cagues con cualquier cosa que hagas…


-¡Venga ya! Tú lo estás haciendo muy bien.


-¿Tú crees?

-No lo creo, lo sé. Jacob es maravilloso, la cosa más dulce que el planeta ha tenido jamás, no es por defenderlo sin más, pero lo de la otra noche fue un hecho aislado, todos tenemos derecho a deprimirnos y actuar estúpidamente una noche.- Digo sin poder evitar extrapolar mis palabras a mi existencia.- Solo una… solo una noche…

Billie me mira muy seriamente, quizás no le han gustado demasiado mis palabras, porque puede que haya pensado que iban con un segundo mensaje dirigido especialmente a él, me callo rápidamente ante mi metedura de pata.

-Sí, puedo entender a Jacob.- Dice lentamente.

-Y Joseph… bueno, Joseph es diferente a cualquier persona que haya conocido antes, me cuesta describirlo… Es… un cabrón.

No podría haberlo descrito mejor. Billie me mira anonadado.

-Pero el mejor de todos.- Aseguro.

-¡El mejor cabrón de los cabrones!- Añade él, a lo que ambos acabamos riendo.

-Tiene una seguridad en sí mismo arrolladora, conseguirá todo lo que se proponga, como ha hecho hasta ahora, creo.


-Lo que me preocupa es: si para ello tiene que pisotear a alguien ¿lo hará?

¿Por qué tengo la sensación de que responder afirmativamente a esa pregunta sería cagarla y decir la verdad a la vez?

viernes, 17 de diciembre de 2010

Capítulo 38

Es una zona bastante salvaje de la isla de Honolulu, una zona muy verde, apenas profanada por la mano del hombre. Una humilde casita de madera se encuentra al lado del aparcamiento.


Es una pequeña empresa de alquiler de helicópteros, Josh alquila uno para una hora, nos presentan a nuestro piloto y allá vamos.

Es una sensación espectacular la de sobrevolar la isla en helicóptero. El ruido, al cabo de unos minutos, resulta incómodo a pesar de los cascos, aún así, es una experiencia única. Aprovecho para tomar algunas fotografías -nada artísticas- para la prosperidad. Al mismo tiempo, el guía nos iba comentando algunas características de la isla. Es como escapar de todo, desconectar unos instantes para separar mente y cuerpo, dejando que mente sea la única protagonista y cuerpo simplemente preste sus servicios sensoriales. Es como respirar un aire nuevo, un aire jamás respirado y tan puro que ninguna otra persona lo ha experimentado jamás.

Ninguno de los dos hablamos durante el trayecto, tampoco lo hacemos al bajar, solo nos miramos sonrientes, como si acabásemos de haber alcanzado el máximo placer. Veo cómo le brillan los ojos a Joseph y aún respira por la boca, no es típico verlo tan contento, empiezo a pensar que Josh tiene una faceta muy personal que no deja mostrar nunca y ahora lo está haciendo inconscientemente.

De vuelta en el Mini seguimos sin mantener una conversación digna de ese nombre, nos dedicamos a exclamar adjetivos sobre la experiencia, tales como: increíble, maravilloso, orgásmico, único… en un orden pragmático casi perfecto.

Llegamos al hotel cuando ya ha oscurecido, por supuesto, el resto de la familia ya debe estar allí. Entro en la habitación seguida por Joseph que se tumba en el sofá y desconecta el mundo real para sumergirse en la red de Internet con su portátil.

-¿Jake?


-Estoy aquí.- Oigo su voz desde el baño- Pasa.

Me recibe un una estancia mágica repleta de burbujas y perfume de chuches. Mi hermano esta en el jacuzzi cubierto hasta los hombros de espuma, con una sonrisa en los labios y expresión inocente e infantil que se acentúa al verme y que queda potenciada por ese olor en el baño a tienda de golosinas. Me siento en la taza del váter, trono de aquel reino, a la derecha del rey.

-¿Has pasado todo el día con él?


-Así es.


-Y has sobrevivido, increíble.- Dice, pero sin rastro de reproche en su voz, solo burla.

Le pregunto por su día en el parque de agua, me comenta las anécdotas más sonadas como buen rey cotilla y como le han abandonado Billie y Adrienne: en realidad se fueron a cenar y Jacob quería quedarse para darse un largo baño relajante. La verdad es que le envidio. Me invita a participar en su baño, ya que hay sitio para dos, como máximo, pero rechazo la invitación.

-Esta noche hay una fiesta.


-Todas las noches hay fiesta aquí.


-Se trata de ir vestidos de algún color al completo.


-Mmmm… - Aún no me ha terminado de convencer.


-Hay que pagar un suplemento para entrar, pero incluye cóctel, orquesta y lunch.


-¿No será para viejos?


-¡Habrá de todo!- Sigo dudando, mi cuerpo no está hecho para aguantar tanto en un día: gimnasio, clase de surf, helicóptero…- ¿vienes?

Y ahí acaba todo, ahí es cuando termino de derretirme ante la mirada dulce de Jacob y acepto, ni siquiera tiene que insistir, él y su actitud se bastan para que no me atreva a contradecirle, algo parecido me pasa con Joseph pero su actitud es completamente opuesta.

Aviso a Joseph de que vamos a salir, pero cuando queda enterado de que nos dirigimos a una fiesta se apunta también. Procedemos a la táctica de dispersión pre-fiesta, como si lo hubiéramos ensayado, cada uno ocupamos nuestro lugar para arreglarnos, Josh se queda en el dormitorio, Jake tiene el baño y yo voy a la habitación de Billie y Adrienne por la puerta que comunica las habitaciones para invadir su baño ante la falta de espacio en nuestra habitación.

Decido que iré de blanco por completo, es el único vestido apropiado que me he traído para una fiesta, de algodón lo que quizás lo haga un poco ligero para una noche fresca. Una vez vestida, peinada, maquillada, perfumada y emperifollada en general, entro de nuevo en nuestra habitación donde ya no hay nadie. Parece que ambos sujetos masculinos se encontraban demasiado ansiosos por volver a socializar nocturnamente. Bien, bajemos.

Un hombre disfrazado de pingüino me toma los datos muy cordialmente y, después del intercambio de dinero, me permite pasar a la terraza. Tal y como predije, es una noche fresca, el escenario es un campo decorado con sillones de terraza blancos y velas perfumadas por doquier, aunque el olor a césped es difícil de disimular, los camareros también brillan con sus disfraces, moviéndose de un lado para otro con bandejas bien soberbias ofreciéndolas a los participantes de la fiesta, todo muy elegante, cual anuncio de Ferrero Rocher.

No localizo a Jacob por ninguna parte, sin embargo, pronto encuentro a Joseph, lleva una copa en la mano y se dirige a un corrillo de tres chicos de su edad aproximadamente; al verme, me mira de arriba abajo y asiente, como si me estuviese dando permiso para estar en la misma fiesta y no producirle vergüenza ajena, pero no me da la bienvenida ni me ayuda a integrarme. Él viste de negro al completo, por cierto.

No estoy acostumbrada a ir a fiestas sin conocer a nadie, quizá sea un error estar aquí, un camarero joven y muy atractivo pasa por mi lado ofreciéndome sus delicatesen, entiéndase por ello las copas de champagne, me sirvo.

Pronto me encuentro con una cara conocida: Giovanna está cerca de uno de los sillones luminosos, aparentemente sola, ese aparentemente es lo que me hace dudar sobre si acercarme o no, una sonrisa por su parte acaba por darme el empujón. Ella también lleva un vestido, solo que de color rosa palo, muy sencillo a la par que femenino.

-Buenas noches.- Saludo.

-Hola, Melanie ¿qué tal todo?


-Va benne. ¿Estás sola?


-Si lo dices por Tom- las pilla al vuelo, esta chica- sí, estoy sola. Se ha ido hace un momento… trabajo, ya sabes.

Por el tono de cansancio con el que lo ha dicho, sé que esconde mucho más de lo que su simple frase ha dejado entrever. Le propongo sentarnos.

-Las relaciones con un trabajo así de por medio siempre son duras.


-Claro.


-Pero vosotros lo lleváis bien, se os ve felices.- Continuo a riesgo de parecer típica, sé que esto se lo deben decir todos los días.

-Quiero a Tom más incluso que el primer día, pero eso no quita que quiera disfrutar más de él, por más tiempo; -hace una pausa- pero es su trabajo y lo respeto, igual que él respeta el mío.


-Lo sé.- Y lo he vivido, aunque no lo quiera admitir.- Tú y su trabajo le hacéis feliz, es como una amante con la que tienes que aprender a compartirlo.


-Exacto.


-A mi me pasa lo mismo.- Me sorprendo a mi misma confesándome, no entiendo muy bien por qué lo he hecho, pero supongo que necesitaba compartirlo con alguien que siente lo mismo.

-¿Es duro, verdad?


-No sé qué decirte, apenas se ha ido hace un mes…

Compartimos experiencias como dos amigas más con algo en común, pero en ningún momento le desvelo la identidad de Zack y no tengo muy claro el porqué. De repente suena el móvil de Giovanna.

-Es Tom.- Contesta levantándose. Al colgar, se excusa diciendo que tiene que irse.

De nuevo sola. Ni si quiera el champagne me acompaña ya. Pero no por mucho tiempo: Jacob no tarda en aparecer y dejarse caer a mi lado pesadamente, con un mojito en la mano.

-¿Qué tal la noche?


-Mmmm… ese camarero de allí me ha tirado los tejos.- Dice mirando hacia el chico tan guapo que me ha servido al principio de la noche, no estoy muy segura de si es cierto, el chico parece irradiar simpatía por todos los lados, quizás Jake lo haya confundido.

-Al menos está bueno, no te quejes.


-Maldito pederasta.- Lo pronuncia de una manera extraña en él, de una manera que suena a alcohol.

-Jake… ¿estás bien?

-No… -suelta una larga carcajada estúpida e infantil- estoy borracho.

Sí, está borracho, me cuesta admitirlo, pero mi dulce Jake, el que minutos antes se bañaba con gel con olor a piruleta ahora está borracho. Le quito el vaso de las manos y no ofrece resistencia.

-Aishhh, Jake, Jake…


-Melanie…


-¿Qué?


-A veces estoy triste…


-Es normal, Jake, todos lo…


-Prométeme que me llevarás a España.


-¿Cómo?


-Cuándo te vayas, ¿me llevarás contigo?


-Jake, estás bebido, no sabes lo que dices, luego te arrepentirás.


-Por favor Mel…- Unas lágrimas asoman tímidamente y me amenazan con invadir el rostro de Jake en mi presencia, algo que no puedo tolerar, estoy decidida a aceptar su trato a sabiendas de que está ebrio y mañana probablemente no se acuerde, pero él añade algo más:- estoy cansado de los insultos…

Termino de entender muchas cosas, pero especialmente el porqué Jake se siente así, insultos… solo hay un motivo, probablemente el más ilógico de todos, para que algo pudiera molestar a Jacob, ¿acaso se meten con él por lo que siente? Abrazo a mi hermano que queda dormitando sobre mi hombro. Su hermano no tarda en aparecer por allí y toma asiento en el sofá de al lado, a mi izquierda.

-¿Una noche dura?- Pregunta mirando a Jacob.

-Solo está…


-Borracho.

Suspiro, supongo que intentar cubrir a Jake ante su hermano va a ser complicado, sobre todo después de lo que hizo Jake esta mañana entregándole la tarjeta de la habitación a Adrienne.

-La versión oficial para tus padres es cansado ¿de acuerdo?

Él se encoge de hombros.

-Un día es un día.- Admite mirando con algo parecido al cariño a Jake.

-Gracias Josh.


-Qué envidia…- susurra mirándonos.

Y allí apareció la parte más dulce del primogénito: admitiendo que tenía envidia, no podría asegurar exactamente de qué, quizás de ambos, de nuestra relación o quizá de mí por ser capaz de darle un abrazo a Jake con normalidad.

Subir a la habitación fue más difícil de lo que en un principio te puedes llegar a plantear y es que no cuentas con el peso muerto de de tu hermano borracho o semiinconsciente, por supuesto la ayuda de Josh fue más que necesaria, aún así llegamos a nuestra habitación antes de la media noche del día siguiente, pero después del amanecer del día presente.

Al entrar decidimos que Jacob dormirá en la cama individual, de hecho, él así lo pide: a pesar de su estado tiene segundos de lucidez bastante nítidos. ¿Estará de acuerdo Josh con compartir cama esta vez?

-Bien, dejémoslo claro: aquí hay una línea.- Dice Josh con cara de concentración pasando su dedo índice por el centro de la cama doble- Se trata de no sobrepasar, por supuesto, dicha línea.


-No te voy a violar, Josh.- digo sin hacerle mucho caso, lanzando mis zapatos lo más lejos posible de mí, siempre me destrozan, los traidores.

-Mira, mejor, duerme en el sofá.


-Duerme tú en el sofá, no te jode.


-No, no me da la gana. Volvamos al plan inicial.- Le interrogo con la mirada.- ¡La línea, Melanie! ¡La línea!


-La línea, la línea, claro.

Me tumbo al fin en mi lado de la cama, el mismo que he ocupado al dormir con Jake. Josh se lo piensa un poco más, pero también acaba acostándose, estoy demasiado cansada como para pensarlo demasiado, pero juraría que estoy cogiendo confianza con Josh. Buenas noches mundo, sueña con Hawaii.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Capítulo 37

En la habitación, Josh se tumba en la cama de matrimonio tras la comida, le miro con desagrado, quizás para él sea una costumbre, pero yo no pienso desaprovechar toda una tarde durmiendo.


-¿Piensas pasarte toda la tarde tumbado en la cama?

-No…- se pone las manos tras la cabeza- pienso pasarme toda la tarde tumbado en VUESTRA cama.


-Qué planzazo… y yo te hacía divertido…

Consigo provocarle, se levanta y me mira un tanto picado.

-Vale… quieres diversión…- parece concentrarse y comienza a pensar en voz alta- Si fueras un tío te llevaría a un puticlub, pero a las chicas os gustan las cosas bonitas y eso ¿no?

Me encojo de hombros, me da miedo asentir, no sé qué entiende él por “cosas bonitas”. Lo toma por un sí y sale de la habitación, le sigo con un poco de miedo.

Llegamos a la recepción, mira con disimulo a los empleados del hotel que se encuentran tras el mostrador y se sienta en una de las butacas, hago ademán de sentarme a su lado pero me frena bruscamente y señala a la salida. Le interrogo con la mirada, pero Josh ya no me mira, ha concentrado todo su ser a un periódico de ayer y sigue señalando la salida con la cabeza, obedezco, no intento comprenderle, pues entender la teoría del Big Bang explicada por un chimpancé me resultaría más sencillo.

Tras diez minutos me siento en las interminables escaleras que conducen a la entrada del hotel. La gente que entra o sale me mira con cara de desaprobación, como si no me estuviera permitido profanar esas escaleras con mi trasero. Les ignoro, aunque me gustaría poder devolverles la mirada de asco, deberían aprender a hacer conmigo lo que hacen cuando se encuentran con un mendigo en la calle: ignorar.

Suena mi Iphone, es Josh, le maldigo en voz baja antes de saludarle.

-Tienes que ayudarme.- Con esa frase recuerdo la vez que me prometí no volver a ayudarle a riesgo de acabar yo en la cárcel.

-¿A hacer algo ilegal?- Intento cerciorarme.

-El soborno no es ilegal si aceptan.- Cerciorado me he.

-¿Qué quieres?


-Asómate a la entrada- así lo hago- ¿ves a los recepcionistas?- Un chico y una chica de uniforme, los mismo que estaban tras el mostrador cuando bajamos.- Bien, tienes que distraer a la chica.


-¿Por qué a ella?


-Mírala, está demasiado segura de sí misma, no sería fácil que aceptara, además es una histérica-paranoica, si me acercara solo para pedirle una chuchería acabaría en la cárcel acusado de violación.

Me río con la metáfora.

-De acuerdo, ¿y tú qué harás?


-Lo intentaré con el chico, le ha costado conseguir este empleo, no creo que se la juegue por un crío pero puedo intentarlo.


-Como me acusen de cómplice por tu culpa…- Tarde, me ha colgado, le veo levantarse a través del cristal, entro.

Me dirijo con inseguridad hacia la chica, de nombre Evelyn según su tarjeta de identificación, pero antes, y con el fin de sentirme más segura, saco mi tarjeta de crédito y jugueteo con ella hasta que Evelyn me atiende. Mientras, por el rabillo del ojo veo a Joseph hablar con el chico.

-Buenos días ¿en qué puedo ayudarte?


-Buenos días… esto… Evelyn… Me gustaría saber si te queda alguna suite libre.- Me mira con disgusto hasta que se percata de la tarjeta en mis manos, entonces me dedica una educada sonrisa y se apresura a consultar el ordenador.

-En este momento quedan dos.

Joseph ya no sigue hablando con el recepcionista.

-¿Y alguna es mejor que la otra?- Evelyn mira confusa la pantalla del ordenador.

-Pues… la 16 tiene más metros cuadrados pero la 17 tiene vistas al mar.

Hace dos minutos que Josh ha salido, creo que es suficiente.

-¿Sabe qué? Mejor déjelo, muchas gracias por su ayuda.

Me dirijo a la salida sin darle tiempo a Evelyn para replicar. Josh me espera fuera, algo alejado. Me explica que no fue necesario domarlo, le dijo lo que quería saber sin ningún tipo de soborno.

-Ha llamado a la empresa de alquiler de coches del hotel, les ha explicado que el coche es para una chica mayor de 16 años.- Empiezo a comprender, en la mayoría de los estados, la edad mínima para conducir son los 16, aunque cobran un suplemento por ser menor de 18.- Así que… bueno… ¡bienvenida a tu nueva identidad Margaret!


-¡¿Qué?! ¿De verdad es necesario todo esto?- No entiendo porque tengo que fingir que tengo la licencia para conducir cuando no es así.

-No… pero es divertido.


-¡Joseph Armstrong!- me mira divertido, retándome a empezar una pelea. Es superior a mí, me siento vencida antes de empezar.- Háztelo mirar, en serio.

Él se limita a reírse. Al cabo de un cuarto de hora aparee nuestro coche: un Mini Cooper, estoy a punto de saltar de alegría, digo más, de abrazar a Joseph.

-¿Cómo sabías que me encantan los Minis?


-¿Eh? No lo sabía- se dirige al coche- me gustan a mí.- Y abre la puerta del conductor.

-Josh… pensaba que conduciría yo.- Comento entrando en el borde de una depresión.

-¿Tú? ¿Acaso sabes conducir?


-Pues claro.- Contesto con la mayor convicción posible, en realidad no sé, pero con un Mini Cooper aprendo hasta a hacerlo volar.

-Pues bien por ti, sube- señala el asiento de copiloto.

-Ni hablar. Déjame conducir.

Como única respuesta, Joseph abre la puerta de copiloto, ni si quiera me mira, es como si supiera que voy a acabar cediendo, como si el hecho de creer que es tan fantástico y tan superior a cualquier ser humano fuera a hacer que yo también lo pensara, es cierto que envidio su seguridad, pero nada más. Finalmente subo en el asiento de copiloto.

-Josh- decido interrumpir el silencio que llevaba acompañándonos desde la salida del hotel.- ¿Has pensado en dedicarte a la psicología?

Me mira confuso. Me ha impresionado el trabajo que ha hecho con los recepcionistas, los ha entendido con solo mirarlos, Josh tiene cualidades increíbles.

-¿Tienes algún problema que quieras contarme?


-No, lo decía porque…


-Menos mal, tampoco quería escucharte.- Dice muy secamente.

-Eres un borde, ¿sabes?- Comienza a reírse.

-Es broma, Mel. Siempre estás a la defensiva… Respecto a tu pregunta, sí lo he pensado, pero no creo que lo haga.- Traga saliva- no quiero seguir estudiando.


-¿Y eso?


-No se lo digas a papá ni a ma… Adrienne.


-Tranquilo.- Me estoy acostumbrando a guardar secretos entre la familia.- Pero si no sigues estudiando ¿qué harás?

-Me ganaré la vida con la herencia de papá- hago una mueca de desaprobación que vuelve a provocar su risa.- En serio Mel, le quitas la gracia a todas mis bromas. Qué desperdicio de persona…


-Es que no te entiendo, Josh- contesto ofendida- estás hablando de algo como tu futuro y te lo tomas a chiste.


-¿Y tú, Mel?- su sonrisa se suaviza a una expresión muy seria- ¿qué será de tu futuro?- No entiendo a dónde quiere ir a parar, pero por su expresión, deduzco que lo que viene a continuación no me va a gustar, fruto de su sinceridad.- Cuando acabes tu carrera y tengas que volver a España ¿qué pasará entonces? ¿Qué le dirás a Zack, que ha sido tu ligue de vacaciones? Unas vacaciones muy largas ¿no?

No, desde luego, no me ha gustado nada. Jamás había pensado en el final de mi estancia en América, no me gusta mirar hacia el futuro, vivo el hoy, por eso, según Zack, tiendo a llegar tarde a los sitios. Zack… ¿qué le diré entonces? Josh me saca de mis preocupaciones.

-¿Ves? Por eso es mejor tomárselo a chiste.


-No quiero pensar en mi futuro, no ahora.


-Pues no pienses, Mel. Disfruta de esto.

Aparca el coche.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Capítulo 36

-Sí, yo también.



-Cuando me tiro por los toboganes me dan pinchazos en el cerebro- se queda callado un momento, analizando la frase y sonríe para sí.- No hagas la broma, por favor.


-Me lo has puesto demasiado fácil.


-Es que es verdad…


-Yo me agobio en los túneles de agua, siento como si me fuera a quedar atascada.

-The Simpsons- Recuerda él, sonriendo.

-No te rías, es un problema grave- lo que acentúa su risa.- Claro, porque es mucho mejor sentir como te taladran la cabeza mientras…


-¿Vienes a hacer surf?


-¿Lo dices en serio?- Recuerdo la espantosa experiencia con Zack y los moratones post-surf.

-No, era para que te callaras…- le miro con incredulidad, a veces resulta asquerosamente asqueroso- pero si dices que sí, te dejaré venir.


-Lo probé con Zack y no dio muy buenos resultados.


-Con Zack todo debe de dar malos resultados.


-En realidad no, lo que pasó es que…


-Melanie.


-¿Si?


-Cállate un poco.- Dice restregándose la mano por los ojos con expresión fatigada.

-Perdón.

En realidad yo soy una persona muy callada, lo que pasa que él, con su silencio, me incita al habla.

La clase de surf fue más o menos como me esperaba: Joseph me dio las primeras indicaciones hasta que encontró otra distracción mayor que hacer de profesor para su hermanastra, se dirigió él solo al agua con su tabla de surf alquilada. Me limito a observarle, se mueve con seguridad en la tabla, ágil y rápidamente acorde con su complexión: no es demasiado corpulento ni demasiado alto, lo que le permite moverse con mucha libertad en el agua. Mientras le observo me pregunto cómo será ver a Zack surfeando, el antónimo de Joseph. Se ha encendido en mí el “Busca-Zack” y como tal, emite una señal que Zack recibe e inmediatamente me llama. Esto es solo una hipótesis, pero me ha funcionada tres veces con esta, creo que debería ser ya teoría su rango. Contesto la llamada.

-Hola Zack.


-¿Cómo van las vacaciones?


-Oh, me encanta Hawaii, es de película.


-Sí, lo sé, he estado.- Se ríe.

-Cierto…


-Oye… No me llamaste al llegar, menos mal que tu hermano actualizó twitter para decir que se iba contigo a la playa…

Zack, al igual que yo, solo llama hermano a Jacob. Recuerdo haberle dicho que le llamaría al llegar… ¿o fue él?

-Perdona es que… se me olvidó, no hay excusa.


-Sí la hay, es Hawaii.

Se produce un incómodo silencio que llena la distancia durante el cual observo a Joseph dando un giro con la tabla espectacular.

-Zack.


-Dime- parece agradecido de haber roto el silencio.

-¿Cuándo podré verte surfear?


-¿Cómo? Pues… pues… emm… ¿no te llevé ya?

-No.- Él no se apartó de la orilla así que no cuenta.

-En ese caso, cuando pueda.


-Sin presión ni nada- digo al notar la confusión en su voz.

-Es extraño que, con todo este tiempo no me hayas visto surfear aún.


-Bueno, tú no sabías mi edad.


-No me lo recuerdes… Oye te tengo que dejar.

Veo a Joseph dirigirse a la orilla.

-Sí, yo también… Emmm ¿Zack?


-¿Qué?


-Quedan cinco meses.

Josh alcanza la orilla, tabla en mano. Un hombre corpulento y muy tonificado se dirige a él. Es un hombre mayor, de cuarenta y varios, Josh sonríe al verlo y se dan la mano, me dirijo a ellos.

-¿No deberías estar jubilado ya, Matt?- Bromea Josh.

-Muy gracioso- le da una palmada en el hombro- aún me quedan muchos mañacos extranjeros como tú por entrenar.

-Como habrás podido ver, yo ya no necesito entrenamiento.


-Lo haces bien, Joseph, he hecho un buen trabajo contigo.


-Bah, lo llevaba escrito, Matt, no te llevarás todo el mérito.


-Mencióname si te dan algún premio.

Me coloco al lado de Josh para intentar que terminen con a conversación, tengo hambre. Al percatarse de mi presencia, Josh mi presenta:

-Ah, Matt, esta es Melanie, mi nueva alumna.- El hombre le guiña un ojo y luego me saluda dándome la mano.

-Su hermana, en realidad- apunto rápidamente para no dar lugar a especulaciones erróneas e incestuosas.

-Hermanastra- corrige Josh con bastante frialdad. Da por terminada la charla con el hombre y le da también a él la mano como despedida, acercándose a su oído.- Fue un error.

A veces la sinceridad de Joseph puede llegar a ser dolorosamente hiriente, conforme lo conozco, me voy dando cuenta de ello.

-¿Eres un poco imbécil, no?- le espeto cuando nos hemos alejado lo suficiente de Matt, ex profesor de surf de Jospeh. Me mira sorprendido.

-No hablaba de ti, egocéntrica.- Gracias a esa sinceridad sé que ahora está diciendo la verdad, si estuviera hablando de mí, lo habría admitido sin problemas ni remordimientos, como ya hizo en su día- Al final me has acabado cayendo bien. Y, como me caes bien, te voy a dejar que me invites a comer.

Personalmente, odio que me inviten a invitar.

-¿Qué te invite? A correr te voy a invitar, enano.- Digo y es que, a pesar de su personalidad de adolescente arrogante, sigo viendo en él a un crío de 15 años, su hermano es mucho más maduro.

-¿Perdón? Tienes dos años más y te saco una cabeza, no sé si deberías usar tú ese término.


-Son 10cm.


-¿Cómo?


-Son 10cm, no una cabeza.

-Ah- parece aliviado.

Comemos en el restaurante del hotel, el que más a mano se encontraba.

Tom y Giovanna están allí, sentados uno enfrente del otro, Tom de espaldas a nuestra mesa, cuando Giovanna saluda hacia mí con la mano, su novio se gira para ver a quién ha saludado y la imita también. Josh mira a la pareja y luego hacia mí.

-¿De qué los conoces?- Pregunta masticando más bien poco adecuadamente su comida.

-Conocí a Tom en el ascensor esta mañana.- Asiente con la cabeza, como si confirmara alguna de sus teorías.

-Te lo tiraste.


¿Por qué en América se tiende tanto a la afirmación?


-¡¿Qué?! No, por dios.


-¿Te has tirado a Zack?


-¿Cómo?


-¿Es bueno en la cama?


-¡Josh!- Suelto los cubiertos con fuerza en la mesa, presa de la tensión.

-Quiero saber si tiene algún punto débil.


-Ya, claro.


-De acuerdo. ¿Quieres que te hable del tiempo en Hawaii? ¿De lo bien que vives ahora en América? Hablemos de cosas interesantes, por dios, Mel.


-¿¡Y con interesante te refieres a saber cuánto le mide a Zack?!


-¡¿Qué?! ¡No, por dios!- dice Joseph mirando hacia todos los lados- ¡pero! Si crees que puede ser un punto débil para él…

-Por favor, Josh, cambiemos de tema.
Él empieza a reírse, orgulloso de haber provocado tal nivel de incomodidad en mí.

-Me apetece ver a Tre.- Dice mencionando por primera vez al compañero de banda de nuestro padre.

-No sabía que te llevaras bien con él.


-¿Bromeas? ¡Bien es poco! Es mi padrino… y el de Jacob, creo, y es el mejor tío que he conocido en años, mejor incluso que Matt.- Dice señalando hacia atrás.

-Se ve majo…- comento sin saber muy bien qué decir.

-Te quedas corta, ojalá lo conozcas algún día. Y… esto no se lo digas a papá ¿eh? Pero Tre y yo tenemos planeado cierto viaje cuando cumpla os 21.


-¿Las Vegas?


-¿Cómo lo sabes?


-América es asquerosamente predecible.


-¡Oh! Fuera de mi país, pagana.


-Calla, enano.

Ambos empezamos a reír justo cuando Tom pasa por mi lado y se acerca a la mesa.

-¿Te gustó la dedicatoria?

-Sí- consigo decir- Me encantó.


-Estarás contento Tom Fletcher, ¿eres Tom Fletcher, no?- el chico asiente confuso de que Josh se introduzca sin más en la conversación.- Ahora Melanie solo usa el ascensor para bajar. Y estamos en el piso 20…

Tom empieza a reírse y me alegro de que entorne los ojos al reír ya que así no puede ver mi expresión confundida ¿cómo sabe Josh lo del autógrafo?

-Tom, él es Joseph, mi hermano, amante del humor hiriente.


-Corrijo, soy Josh hermanastro de Melanie- dice levantándose y extendiéndole la mano- amante del humor sin gracia.

sábado, 23 de octubre de 2010

Capítulo 35

Me despierta la alarma del móvil de Jake, la noche anterior quedamos para ir temprano al gimnasio. Me despejo un poco y me giro en la cama, Jake está de espaldas a mí, le rozo suavemente, anunciándole que ya es la hora, me responde con un ronroneo, dándome a entender que no va a abandonar su acogedora cama por una dura sesión de gimnasio.


Me levanto, me sorprende que Josh no esté en la cama pequeña, tampoco le veo en el salón ni en la terraza. Por el momento, no me preocupa, sé lo independiente que puede llegar a ser Joseph a veces.

De nuevo, el mapa de este espectacular lugar vuelve a hacer mi más fiel compañero, el gimnasio se encuentra en la tercera planta, no está demasiado oculto y gracias a su poca timidez, no me resulta difícil encontrarlo. Me siento orgullosa de haberlo hecho tan rápidamente, pero me siento aún mejor cuando veo la compañía con la que contaré durante la sesión. Tom está en una de las bicicletas estáticas. Durante unos instantes la atmósfera del recinto se me hace más brumosa y pesada, si cabe… Me coloco en una cinta en una posición estratégica para que mi vista choque inevitablemente con su presencia. Selecciono la marcha 3.

A la media hora ya estoy cansada, no quiero forzarme más o acabaré tirada en el suelo cual botella de cerveza tras pasar por las manos de Joseph. Apago la máquina y voy en busca de las duchas.

Era un buen plan, sí, sí lo era, pero me ha salido mal: no encuentro las duchas y la gente empieza a mirarme extraño… Deambular por el gimnasio no es lo más normal del mundo, Paris Hilton lo hace, por lo tanto, no es normal.

Me dirijo a mi habitación, pero no me parece muy higiénico hacerlo por ascensor, así que las escaleras de emergencia cumplirán su misión hoy; subo con emergencia los 17 pisos exhausta, en parte por el ejercicio, en parte por él.

Sé que no me encontraré con nadie a estas horas por las escaleras: los jubilados habrán madrugado para coger los mejores sitios a orillas de la playa, los padres/madres de familia estarán lidiando con los pequeños, los jóvenes y adolescentes seguirán durmiendo presas de la resaca. Tiendo a la generalización, la culpa es del eterno ascenso hasta mi planta vigésima que me hace pensar cosas que no tienen la mínima importancia, pero con estas mínimas cosas se descubre lo importante de la vida.

Piso 20 al fin, es difícil de creer, pero sigo viva, puedo decir, y digo, que los 17 pisos en escaleras han sido mucho más duros que los treinta minutos de cinta.

En mi habitación no hay nadie, apenas hay rastro de que Joseph haya pasado por aquí ¿debería preocuparme? No, debería ducharme, Josh ya es mayorcito.

Sin embargo, en mitad de mi baño oigo ruidos en la habitación: el cerrar de la puerta; obligo a mi corazón a latir a su ritmo y no delatarme a la vez que fuerzo a mi cerebro a llamar a su compañera la lógica últimamente olvidada: no parece haber sido forzada por la fuerza. Trago saliva, es un hotel de 5 estrellas ¿acaso va a poder entrar cualquiera con tan solo desearlo? Esto no es Neverland, Melanie.

-¿Quién es?- Pregunto con seguridad, pero el miedo queda oculto en el signo de interrogación.

-Yo.- Contesta una voz parecida a la de Josh.

-¿Qué yo?


-No me jodas, Mel.

De acuerdo, es Joseph, su hermano pequeño nunca me hablaría así.

Al salir del baño, Joseph duerme en la cama que horas antes había rechazado, bocabajo y con los labios entreabiertos. Consigo sonsacarle que la familia ha ido a desayunar al completo, o casi, ya que faltamos nosotros.

Tras una ligera consulta al mapa descubro que el restaurante está en la primera planta y allí me dirijo, esta vez por ascensor. Se ilumina el botoncito del 1, pero el muy traidor se para en el 3.

El traidor pasa a amigo en lo que tarda en abrir sus puertas: Tom aparece tras las mismas, él sí parece haber encontrado las duchas, lleva el pelo mojado y ropa limpia. Entra en el ascensor y me dedica una sonrisa, bueno, en realidad se la dedica a todo ser, animado o no, que quiera apreciarla.

-¿Subes?- Dice mirando el panel de los pisos, cuando se da cuenta de que en realidad bajo, exclama un “oh”, se disculpa con la mirada y empieza a retroceder.

-No, no… en realidad subo.- Pulso el número 30, el último piso de todo el hotel.

Mi acompañante parece algo confuso pero vuelve a sonreír y se coloca enfrente mía, con la bolsa de deporte entre sus pies. No ha pulsado ninguno concreto, por lo tanto, él va al 30, genial, a ver cómo improviso ahora. Por suerte, mi experiencia con Zack me dio en su día una valiosa lección y vuelvo a reclamar la presencia de la lógica por segunda vez en el día.

Descarto el tiempo y la hora como temas de conversación, quizás lo más sensato sea actuar como una fan más… 17,18. Una fan más, decidido. 20, 21,22. Pero nada de histerismos. 24,25…

-Tom.- Al oír su nombre, levanta la cabeza y la apoya contra la pared del ascensor, cierra los ojos y sonríe. No sé cómo interpretarlo, pero la verdad es que me deja bastante minada.- Perdón, no quería…

-Tranquila…- naja su mirada hacia mí.- Dime.


-No, en serio…

Empieza a reírse muy dulcemente.

-¿Quieres algo?


-¿Un autógrafo?- aventuro.

-Por supuesto.


-Si no es molestia…- añado rápidamente.

-No te preocupes.

Salimos del ascensor, en la última planta, como en cualquier hotel, se encuentran las suites. Tom va hacia la puerta que se encuentra al final del pasillo. Entra. Espero algo incómoda en el pasillo cuando su voz reclama mi presencia.

Si la habitación compartida con Jake y Josh ya me parecía grande, la suite de Tom es prácticamente enorme. Creo que mi apartamento de verano español podría caber en su ducha. Por supuesto, es muy triste (si no patético) tener una habitación tan grande para una sola persona. Giovanna está allí. La chica se encuentra en el vestíbulo de la habitación, enfrente del espejo, sentada en un taburete mientras se cepilla el pelo. Cuando me oye entrar, se gira hacia mí y esboza una sonrisa sincera. Su novio intenta presentarme vagamente desde algún lugar de la suite.

-Gi, esta es… una amiga… que subía en el ascensor…


-Soy Melanie.


-Encantada.- Dice levantándose para saludarme.

-Ha venido a por un autógrafo… cariño ¿tenemos bolis?


-Hay uno en la mesita, al lado del teléfono.

Giovanna me lleva literalmente hasta el dormitorio. Me siento incómoda, como si invadiera su intimidad y no me gusta. Tom ha encontrado el boli, lo prueba en el papel, pero nada. Parece que los hoteles ponen los bolígrafos caducados a propósito para que no los roben, ni el más pijo de los pijos se libra.

-No funciona.


-No importa… quizá en otro momento- creo que ya he interrumpido bastante.

-Espera- Giovanna desaparece un momento y vuelve con un lápiz de ojos en la mano- sé que no es lo mismo pero…

Le entrega a Tom el lápiz. Garabatea durante unos instantes y luego dobla el papel por la mitad, me lo entrega y devuelve el lápiz a Giovanna.

-Gracias, muchísimas gracias a los dos, siento las molestias.


-Ha sido un placer.- Sonríe Tom.

Lo mismo digo.- Añade Giovanna.

Salgo de la habitación eufórica, pero no es hasta el ascensor cuando desplego la hoja que me firmó Tom, reza así:

“Para Melanie, que nadie te haga subir cuando lo que de verdad quieres es bajar (Ni siquiera Tom Fletcher). Un Saludo.”

XoXo

Tom.

La doblo lentamente de nuevo y sonrío. Bajo al 1.

Llego al restaurante justo cuando el almuerzo familiar viraba su conversación hacia el miembro masculino ausente:

-Creo que no ha dormido en la habitación- comenta Jacob untando un panecillo de mermelada.

-¿Debería llamarle?- pregunta Adrienne mirando a su marido.

-Bah… cuando se le acabe el dinero volverá a dar señales de vida…


-¡Billie, por favor, es tu hijo!


-Estará bien, cariño, tranquila.

-Está durmiendo en la habitación. – digo tomando asiento al lado de Jacob. Billie me señala mirando a Adrienne como si yo fuera el elemento que acaba de responder una duda trascendental de la filosofía, dándole la razón.

-¿Te ha dicho dónde ha estado?- pregunta Billie, niego con la cabeza.

-¡Este hijo tuyo me va a oír!- exclama Adrienne levantándose de la mesa.

-¡Mamá!-La llama Jacob. Por un momento mi ingenua menta pensó que iba a despistar a su Adrienne para ayudar a su hermano. Mente ingenua. Jacob le alcanza la tarjeta de la habitación a su madre. Miro a Jacob con desaprobación, con cara de “eso no se le hace a un hermano”, él se encoge de hombros y sonríe orgulloso de su acción.

Tras un escaso desayuno (durante el cual relato a padre e hijo mi aventura en el ascensor) tenemos diferente planes: podemos ir al spa del hotel, hacer turismo por el pueblecito de la isla, pero el plan más votado por todos es el de ir a un parque acuático.

Creo que no lo he mencionado nunca. Odio los parques acuáticos. Me dan miedo esos toboganes larguísimos y padezco auténtica fobia a los toboganes cerrados. Anuncio a los demás mi negación, Jacob berrea durante un buen rato hasta que su padre lo amenaza con irse sin él.

Acabo en la terraza de la habitación pensando qué hacer. Veo el mar cristalino y la brisa mece toda mi aura, también balancea suavemente la sombrilla. Alejo mi silla unos centímetros. Siento paz.

-Melanie.- La voz pastosa de Joseph me saca de i ensoñación.

-Buenos días al mediodía.- Le saludo contenta, él se sienta cerca de mí.

-Me has traicionado-dice entre triste y confuso, como si no quisiera creérselo. Le pido perdón y le explico que Adrienne estaba preocupada, no era mi intención cargarle un marrón.

-No importa… te perdono- hace una pausa- ¿Me has dicho dónde estaban los demás?

-Aún no… Han ido un parque de agua.- Pone mala cara.

-Odio los parques de agua.

sábado, 2 de octubre de 2010

Capítulo 34

A la una estoy en pie. Ducha, desayuno y me dispongo a bajar la maleta, es bastante grande, suficiente para una semana, aunque va un poco a reventar, solo un poco, si la tocas explota. La deposito con sumo cuidado en el vestíbulo de la casa. Jacob ya está allí, bañador y camiseta hawaianos a juego.


Lleva un sombrero. Es un buen sombrero, tiene una pluma.

Me fijo en su equipaje, tiene dos maletas del mismo tamaño que la mía.

-Vamos una semana ¿no?- pregunto asustada.

-Sí ¿no?

El resto no tarda en bajar. Al parecer, todos tienen algo que decir del atuendo de Jacob.

-Bonito sombrero, hijo.- Comenta Billie.

-Venga, no me jodas ¿qué mariconada es esa?- Añade Joseph.

Jacob no se inmuta y sigue luciendo modelito.

Hawaii es otro mundo, ¿qué digo otro mundo? Pertenece a otra galaxia. Y nuestro hotel, bueno, es como un escenario perfecto para rodar películas de lujo con protagonistas millonarios.

Los problemas comienzan cuando llegamos a las habitaciones, Billie y Adrienne comparten la habitación contigua a la nuestra. Joseph abre la puerta cuando la tarjeta nos lo permite, hicieron falta varios intentos. Es bastante amplia, tiene un pequeño salón con sofá de cuero y un plasma, creo que mis suposiciones sobre lo que hay bajo de la tele han de ser comprobadas ¿es eso el minibar? Solo hay dos camas, una es de matrimonio, he ahí el dilema.

-Esto tiene que ser una broma- dice Joseph malhumorado- bueno, a ver cómo nos apañamos.

-Yo lo veo claro- dice Jacob librándose del sombrero al fin.

-Yo también.- Añado. No puedo pedirles a ambos que compartan cama porque a la mañana siguiente no quedaría nada de ninguno y nos prohibirían la entrada en el hotel: la sangre se lava fatal, por lo que es obvio que Jake y yo compartiríamos cama y la pequeña velaría el sueño de Josh ¿no?

-Siempre que salimos tengo cama de matrimonio, necesito una cama grande, no pienso dormir ahí.

Tenemos un problema.

-¿Qué más da, Joseph? Si no quieres compartir cama, tendrás que aguantarte.


-Me parece humillante, voy a hablar con papá.

Sale de la habitación y da un portazo frustrado.

-Dormirá en la pequeña.- Dice Jake abriendo sus maletas.

Escasos segundos después, Joseph entra de nuevo en la habitación abatido.

-Dormiré en la pequeña.

Adrienne aparece más tarde para darnos unos panfletos, son las diferentes actividades con las que cuenta el hotel, así como un plano de los diferentes lugares en las que estas se localizan. Tenemos gimnasio, spa, playa, discotecas y cada día celebran una fiesta en la terraza del hotel con temática variada.

-Billie y yo nos vamos a la playa ¿queréis venir, chicos?

-¡Vale!- Jacob no pierde el tiempo, ni si quiera a deshecho sus maletas.

Por supuesto, me apunto también, Joseph prefiere quedarse y organizar su causa. Igual intenta ampliar su espacio o ahogar su angustia en alcohol.

-Tengo las botellas del minibar contadas, no hagas ninguna locura- bromeo.

-Me ahogaré en el jacuzzi, no sufras... yo no lo haré.

Le revuelvo el pelo y salimos de la habitación, mapa en mano.

Estamos en el piso 20 de 30 por lo que el descenso en ascensor es bastante largo, nos entrega el tiempo suficiente para trazar una ruta segura y rápida hasta la sección de la playa que pertenece al hotel. Nos apoderamos de cuatro hamacas y corremos al agua, Billie a la cabeza.

Instantes después, Billie y Adrienne nos despedían para pasear por la orilla. Jacob y yo ocupamos nuestros asientos. Empieza a oscurecer, aún así, nos colocamos las gafas de sol. El trabajo de paparazzi es realmente despreciable, pero alguien tiene que hacerlo; Jacob se pone manos a la obra y comienza a comentar el paisaje como un profesional ante la final de la WorldCup.

-A nuestra izquierda está Zac Efron.


-Mmm… bien- aún así, no merece mi atención.

-El de allí lo conozco, es el ojito derecho de Dior.

Una criatura esculpida por el mismísimo Dios se baña a escasos metros de nosotros, sin embargo, su rostro no va acorde con su cuerpo perfecto.

-Bah… le falla la cara…


-Qué exigente eres.


-Compréndeme, después de Zack…


-Ya.

Pero, como algún sabio dijo y si nunca lo dijo, lo digo yo ahora; siempre está uno a tiempo de tragarse sus palabras. Por suerte, yo no tengo nada que tragar ya que no he llegado a acabar la frase, esto me da pie para otra teoría: no la cagas, no tragas. Alguien me roba toda la posesión de mi ser, mi consciencia y una ligera separación de mis labios. Estoy literalmente anonadada. Jacob se asombra también, pero por otro motivo.

-¿Ese? ¿Quién es? ¿Es famoso?


-Es Tom Fletcher.- Digo y con tres palabras respondo sus tres preguntas.

Acaba de salir del agua, recoge sus cosas que se encontraban en una hamaca cercana, lo que indica una única y maravillosa conclusión:

-¡Está en nuestro hotel!


-Tom Fletcher… me suena.

¿Le suena? ¿Cómo que le suena? ¿Cómo se atreve? Le veo alejarse en dirección al hotel y le relato a Jake una compleja y detallada biografía del sujeto.

-McFly…


-Ah… ya… Aún así, Zack es…

Sé lo que quiere decir, pero Jake no lo comprende, no puede entender lo que Tom es para mí. Si Zack era mi más idolatrado ser, Tom es la inspiración que me hace editar mi vida con más brillo y al máximo de saturación.

En la habitación, los chicos planean qué hacer esta noche. Estudian el planning que nos había entregado Adrienne. Hoy toca la fiesta hawaiana.

-Suena bien…- opina Jake.

-¿Qué? Suena a fiesta del orgullo gay, yo paso.


-¿Mel?


-Mmm… la verdad es que no me apetece mucho.

Finalmente todos nos quedamos en la habitación. Asaltamos el cuarto de estar y Josh se apodera del mando a distancia. Mi mente intenta prestar atención pero un 60% de ella todavía sigue en la playa, reviviendo el momento en el que Tom salía del agua una y otra vez, otro 30% se pregunta dónde estará su habitación y un 10% se divierte escuchando los comentarios de los hermanos mientras vemos un programa de tele-tienda de productos eróticos.