miércoles, 23 de febrero de 2011

Capítulo 42


¿Acaso piensa papá investigar a la banda? Miedo me da lo que pueda averiguar, aunque definitivamente, papá era así de joven, o peor…
El domingo por la mañana me levanto descansada y me dirijo con seguridad al sobre de Zack. Lo guardo en uno de los cajones interiores del armario, debajo de un montón de ropa de invierno que aún no he tenido la posibilidad de usar en California. Recojo el sobre y resisto la tentación de volver a leer su carta; junto a ella se encuentra el papel donde en su día me firmó Tom. Me empano  mirándolo hasta que recuerdo el propósito principal del madrugón de este domingo: concierto de All Time Low.
Encuentro las entradas sin problema y voy en busca de mi hermano que sigue en la cama, mala señal, si yo tiendo a la tardanza, él vive prácticamente en ella. Abro las ventanas de su cuarto y grito su nombre varias veces. Él se remueve en su cama.
-Melanie… es domingo.
-Bonita excusa… mira la mía: ¡Concierto, Zack, LA! ¿Recuerdas?
Jake se despierta de golpe y se sienta en la cama.
-¡Mierda!- Me mira preocupado.- Me he dormido ¿a qué hora sale el vuelo?
Le devuelvo la mirada de preocupación.
-¿Vuelo? Yo no he reservado ningún vuelo ¿y tú?
-Pensé que lo habría hecho Zack.
En este momento echo de menos la capacidad de organización de Airin, para ella, esto no supondría un problema; de hecho, probablemente se hubiera despertado ya en Los Ángeles, Airin y su sexto sentido para organizar viajes… Bien… ¿qué haría ella?  Como no tengo muy clara la respuesta abandono a Jake para que comience a arreglarse y me dirijo a mi portátil.
Por el pasillo me choco con Billie, embutido en un chándal Nike de tiempos prehistóricos, papá siempre presumiendo de estatus social de la mejor manera. Me saluda con la mirada y me pregunta qué hago todavía aquí. Entrecierro los ojos ante la ironía de su pregunta.
-¿Qué qué hago aquí? ¿Tú qué crees? Buscar un medio para salir de aquí.
Él pone cara de concentración como si no lo entendiera.
-¿Quieres que te lleve?- Me dice aún confundido.
Y una ducha de alivio cae desde lo más alto del techo de la casa. Se lo agradezco y le meto prisa a Jake, estoy acelerada, ni si quiera desayuno, no tengo otra opción si lo hago vomitaría.
Una vez dentro del coche saco mi Iphone para llamar a Zack e informarle de que ya estamos de camino. Lo que no había pensado y estoy pensando ahora mientras suenan los toques de teléfono es qué hará papá cuándo vea a Zack, qué tensa situación. Oigo su voz contestando mi nombre, suspiro.
-¡Hola! Ya estamos yendo.
-Genial ¿Cuánto os queda? ¿Queréis que vaya a esperaros a algún sitio?
-Pues… ¿dónde estás tú?
-En el hotel.
-¿A sí? ¿En el hotel? Qué bien, “el hotel” voy a poner esa dirección en el GPS a ver dónde aparecemos.
-Me encanta tu voz cuando te pones sarcástica, pierdes el acento.
-No intentes despistarme, o no llegaré al famoso hotel en la vida.
-Llegarás aquí si es aquí a dónde quieres llegar.
-¿Ahora también te pagan por componer letras para la banda?
-Umm otra vez ese tono.- Finge dolor.
-¿Vas en coche?
Mi boca está apunto de disparar otra nota irónica a Zack, “voy en globo aerostático”; pero decido que es mejor la tregua por ahora.
-Sí.
-Bien.- Comienza una serie de explicaciones de autopistas/números/carreteras que no entiendo y me dedico a mirar por la ventanilla esperando que termine. Oigo silencio a través del teléfono.
-Entiendo.- Respondo al fin confiando que su explicación haya terminado.
-Vale bueno, pues cuando estés ahí…
-¿Dónde?
-Argg… ¡Te lo acabo de decir! Eres imposible, cuando te vea recuérdame por qué… bueno mira déjalo… ¿Está Jacob por ahí?
-Yep.
-Pásamelo.
Su voz rendida me hace sentirme culpable, pero la situación sigue siendo divertida; en todo caso, le paso el teléfono a Jake, quien presta más atención y tras colgar le da las indicaciones a papá.
Finalmente, Billie nos despide desde el coche y nosotros desde la acera, no es una despedida muy emotiva, apenas es despedida: un leve asentimiento de cabeza por parte de todos los participantes confirma la ausencia paterna para el día de hoy. Sonrío a Jacob quien me devuelve el presente, pero ampliado y nos encaminamos al hotel.
Hay algunas pocas fans aquí y allá, pululando por la entrada y los alrededores, pero nada preocupante. Hoy es uno de esos pocos días que la banda tiene permitido pernoctar en hotel ¿la razón? Simple: esto es LA, señores.
Bolsa en mando iniciamos lo que será el mejor domingo del mundo terrenal. Vestíbulo del hotel alcanzado. Siento como varias miradas se posan en nosotros, pero no todas son tan especiales como la mirada verdosa y emocionada de Zack, se levanta del sofá y anda (corre) hasta nosotros, tarea que yo también imito.
Nos fundimos en un abrazo que promete el paraíso, no decimos nada, cualquier palabra o frase sonaría banal y demasiado terrenal en este momento. Me pongo de puntillas y encajo mi rostro entre su hombro y su cuello, creo firmemente que ese hueco ha sido prediseñado por Dios y por eso encajamos como un puzle perfecto. No sé cuánto tiempo estamos así, considero que los segundos adecuados, los minutos esperados y el tiempo perfecto.
Finalmente nos separamos, pero no es suficiente para que decida volver a la vida física: paseo por su mirada, nadando en su sonrisa hasta que él coge mi rostro suavemente y me besa cariñosa y castamente.
-Por fin…- susurra él apoyando su frente en la mía.
Ante la falta de aire, solo me acerco a emitir una leve pero emocionada sonrisa.
Busco a Jacob, está detrás nuestro, un tanto incómodo pero sonríe y saluda a Zack con ánimos renovados. Me doy cuenta de que no solo lleva su bolsa, también mi mochila está en sus manos, no sé en qué momento exactamente la dejé caer, la recojo de brazos de mi hermano con una mirada de disculpa.
-Venid.- Zack me coge de la mano y nos guía hasta los ascensores.- Tenemos la décima planta entera solo para nosotros.
Con “nosotros” supongo que se refiere a toda la banda. Pero al llegar al décimo destino descubro que mi hipótesis es errónea: la planta es de toda la banda, sí, sumándole el crew y sumándole las otras bandas, teloneras o no, del tour (mírese: HeyMonday, We The Kings y A Rocket to the Moon)
Aterrizar en el pasillo ya es de por sí una locura: se oyen gritos procedentes de casi todas las habitaciones, también reconozco a algunas caras corriendo de una habitación a otra, veo a Alex salir de su habitación dejando la puerta abierta para ir corriendo hacia otra puerta, llamar e irse corriendo de nuevo a su refugio. Pongo los ojos en blanco, menudo crío. De la puerta sale un Travis muy cabreado: lleva una toalla atada a la cintura y sus pelos serían la envidia de Simba y de toda su estirpe. Va corriendo hasta la habitación de la que ha salido Alex.
-¡Barakat, como te pille estás muerto!
Es Jack quien abre la puerta esta vez para confesarse inocente y delatar a su compañero de cuarto.
-¡Alex!- Grita esta vez y éste se asoma con cara inocente por la puerta.- Nada cariño, tú haz lo que quieras con mi puerta.
-Gracias, Travis, te desposaré en breves.
-De eso nada- interviene Jack- Alex es mío hoy.
Zack suspira a mi lado.
-Y así todos los días…- Me río, parece divertido- aunque pierde la gracia cuando Jack está borracho y se pone a dar volteretas desnudo…

viernes, 18 de febrero de 2011

Cpítulo 41

Salgo de su habitación con lágrimas bajando libre y tranquilamente por mis mejillas. Me encierro entre las sábanas de mi cama y por fin abro la carta.


Melanie!


How’s going?


OMG I’m sure you would love all the things that we are visiting, the cities are awesome, Mel! Today we have the gig in Oklahoma City, OK!! Sounds right, doesn’t it? I’m having fun with the guys; they are so fucking crazy… I think Rian needs no to follow Jagk’s example but he does. Jack needs sex, you know, he must stop raping me! And Alex, well Alex misses his mom, he doesn’t realize but we know he needs her and he’s always at the phone… so embarrassing … Well we have been separated till one month, and I have been missing you since that moment. It sounds actually corny, I know… Anyway we’re having a gig in LA on Sunday and I have thought you could come… I send you the tickets w/ the letter (they’re into the packet, look for them!) There are two so you can go w/ Jacob or the other thing that lives with you I don’t remember its name very well (josue? Joshy?) I love you so much little girl and I see you every night in my dreams (corny again?) but it’s true it’s the one way to remind me how you are… blue eyes right? Haha no! Blackish-chocolate-brown eyes!! No more to say, Mel. Call me when you know something about the LA gig ok?


See you tonight!

Ahora lloro más que antes, sí, es cierto que ha sido cursi y muy extraño en él, pero eso lo hace más especial. Maldito Zack, me ha hecho llorar, me limpio los ojos con el dorso de la mano y busco las entradas en el sobre. Los Ángeles, debería ir… pero no entiendo por qué él no me preguntó nada cuando hablamos por teléfono en Hawaii, para esas fechas la carta ya estaba en casa, Joseph me lo ha dicho. Decido salir de dudas, cojo mi iPhone y aún desde debajo de las sábanas le llamo. Hay buena cobertura aquí, California para eso es especial.

-¡Melanie!


-Hola, Zack.


-Tienes voz llorosa.- ¿Voz llorosa? ¿Cómo lo sabe? Maldito Zack. Le dedico una carcajada.

-Acabo de leer tu carta.


-¿En Hawaii?


-No, tonto. Ya hemos vuelto. Tuvimos problemas…


-¿Detuvieron a Joseph?


-No… pero no porque no se lo merezca.


-¿Qué ha pasado?

Le cuento el problema de la carta y además, las aventuras de Hawaii.

-Bueno yo no te pregunté nada cuando te llamé porque pensé que no la habrías leído aún.


-Josh la había escondido.


-Es imbécil.


-De todos modos, tendré que hablar con él.


-Claro… pero al concierto ¿irás con Jake no?


-Por supuesto.


-Oks me tengo que ir, Melanie. ¿Nos vemos el domingo entonces en LA?


-O esta noche en tus sueños.- Me burlo.

Él se ríe.

-Qué cursi eres. Hasta esta noche.

Decido que quiero desconectar por un tiempo de Joseph y de sus problemas mentales. Quizás me venga bien hablar con papá de esto, Jake también es muy buen confesor, pero él no puede ser imparcial en este partido, o más bien en este penalti injusto que Josh acaba de tirar.

Busco a papá por la casa y oigo su voz junto a la de Adrienne, proviene del salón. Entro cautelosamente tras pensármelo dos veces: finalmente decido que no me importa que Adrienne también lo sepa. Lo que yo no sé es que esa conversación cambiará por completo toda mi historia en América.

-Hola.


-Hombre, ¡hola futura universitaria!- Saluda Billie Joe descruzando las piernas y quitándole el brazo de encima de los hombros a Adrienne.

-Hablando de universidades, tendrás que llevar los papeles ya ¿no?- Apunta Adrienne.

-Los enviaremos por correo, tampoco hace falta ir.

Y comienza una conversación de a dos en la que, por supuesto, solo soy una simple espectadora.

-¿Cómo que no hace falta ir? Pero si está aquí al lado, no seas vago.


-¿Aquí al lado? Si con aquí al lado te refieres a siete horas, sí, está aquí al lado.


-¡Solo es media hora de aquí al Golden West College!


-¿Golden West College?

Veo como Billie se incorpora y deja de mirar la tele distraídamente para mirar a los ojos a Adrienne contrariado. Yo tomo asiento, parece que esto va para largo.

-¿Cómo que el Golden College?- Repite mi padre.

-¿Qué le pasa?


-Adrienne…- me mira incómodo y luego baja la voz- dijimos que Melanie tendría las mismas opciones que Joseph y Jacob.

-Pero Billie, pensé que esa universidad era mejor para ella.


-¡Nuestros hijos van a ir a Stanford!


-Cariño, sabes lo que significaría Stanford para ella, quizá ella no esté preparada.

¿Qué significaría Stanford para mí?

-Tonterías, irá a Stanford, la semana que viene iremos a solucionarlo todo.


-No creo que sea lo correcto, Billie.


-Pero es lo justo.


-Quizás debas poner en orden tus prioridades.

Me asusta saber que están subiendo el tono de voz y no ayuda el hecho de que no sé cómo intervenir, si lo hago, tendré que ponerme de parte de alguno de los dos lo que significa: llevarle la contraria al otro. Como una cobarde, sigo escuchando.

-Mira, Adrienne, Melanie tendrá lo que Josh y Jake, pensaba que esto ya había quedado claro cuando lo hablamos, además podemos permitírnoslo, no entiendo por qué te opones.


-¡No estoy hablando de dinero! ¡Por supuesto que podemos permitírnoslo! Estoy hablando de su educación, ¿no has pensado que quizás sea mejor para ella un ambiente sin presión? Piensa que no está acostumbrada a llevar su… su… nivel de vida…- Hace una pausa bajando la mirada avergonzada, me encojo de hombros para intentar darle a entender que no me ha ofendido.

-¿Y por ese motivo no puede ir a una universidad privada?


-Primero, no es solo por eso y lo sabes. Segundo, no es privada.


-Pero no está matriculada como sus hermanos, nos tocará pagar como si lo fuera.


-El Golden College está más cerca de casa, no tendrá necesidad de mudarse.


-Adrienne, ya es mayorcita, no creo que la eches de menos


-¿Por qué? ¿Por qué no es mi hija? ¿Solo puedes decidir tú sobre qué es lo mejor para su educación? Esto no funciona así, Billie, y también lo dejamos claro: no actuaré como su madre a veces y como una desconocida otras.

Han sido unas palabras muy bonitas por parte de Adrienne y me alegra haberlas oído, le sonrío agradecida, pero ella no me mira, sigue contrariando a mi padre. Siento que ya es hora de intervenir, probablemente ellos no se hayan dado cuenta de que estoy ahí, razón de más por la que deben parar.

-Estoy aquí.- Ambos se giran algo avergonzados.

-Esto… Melanie… quizá sea mejor que subas a tu cuarto…- Comenta Billie con un tono de voz tan bajo que nunca pensé que podría llegar a ponerlo después de los gritos de antes.

-O quizá sea mejor que decida qué hacer yo con mi vida.- Remarco el “yo”.

Los dos se miran, al parecer, era una opción que ninguno había contemplado, sé que piensan que, por ser extranjera no sabré elegir, pero están equivocados, para algo tengo un portátil con conexión a internet en mi habitación: para investigar; y para algo tengo conocidos en California que también son recién llegados (Jake o Zack): para informarme.

-Pero, Melanie, tú no conoces bien esto…- Añade Adrienne.

-Ya pero puedo estudiarme qué ofrece cada universidad y decidir… ¿no?


-Será lo mejor.

Bien, Adrienne ya está convencida, ahora queda papá. Él tarda bastante más, busca con el ceño fruncido un motivo con el que contrariarme.

-En cualquier caso, me gustaría que vieras ambas universidades antes de decidirte. El Golden West College ya lo has visto, la semana que viene iremos a Stanford.

Adrienne da un suspiro, como si esa última frase hubiera sido su derrota.

-Jake, ¿vendrás conmigo a Los Ángeles?


-Claro.

Claro, esa es su respuesta. Simple, rápida; me sonríe desde el otro lado de la mesa. Estamos toda la familia comiendo y no he encontrado mejor momento para comunicarles mi viaje a LA para acudir al concierto de All Time Low. Joseph no ha levantado su mirada hacia mí en ningún momento y Jake acaba de bajar de su cuarto, ni siquiera se ha enterado de qué trataba este viaje y ha aceptado sin dudarlo, sin preguntar motivo y sin preocuparse de detalles.

-Tengo ganas de ver a los chicos.- Comento

-¿Cuándo podré… mos conocerle?- Pregunta Billie algo distraído.

-Pues… quizá cuando termine la gira…- Intento retrasar ese momento el máximo posible para que el dolor sea el mínimo.

-¿Cuándo es eso? ¿Al año que viene?


-Papá aún estamos en septiembre, queda mucho para el año que viene.- Por primera vez interviene Joseph en la conversación.- Acaban la gira en diciembre.

-Genial un invitado más en las comidas navideñas.

Nunca me imaginé a Billie preocupándose por su yerno, principalmente porque nunca pensé que llegaría el momento en el que tuviera que enfrentarse a ello. Se llevarán bien, me aseguro a mí misma: dicen que una mentira, repetida muchas veces, se convierte en realidad.

Jake parece divertido con la conversación, Joseph sigue en su mundo, sin preocuparse por nada o quizá demasiado incómodo para ello; la verdad es que yo mezclo los sentimientos de ambos hermanos: me divierte y me incomoda la situación a la vez. Adrienne, por su parte va acorde con Billie en todas las emociones.

-Entonces… All Time Low ¿no?

Esa última pregunta de Billie acaba produciéndome la risa, risa que acabo contagiándole a Jacob y finalmente a Adrienne. Es esta última la que acaba por responder.

-Sí, cariño, sí, All Time Low.

viernes, 11 de febrero de 2011

Inciso

Bueno, he aquí el no-capi xD Ya os dije a ambas, fieles lectoras, que no tiene nada que ver con la historia de Melanie, simplemente salió, fue plasmado y me apetecía enseñároslo. Espero que os guste y no echéis demasiado de menos a Melanie, she'll be back soon! :)



Me despierto y él es lo primero que siento. Mis pestañas rozan suavemente su piel, mi nariz palpa su olor, aspiro el aire por la boca para poder beberme su aroma, gracias. Consigo abrir los ojos después de parpadear salvajemente para que se acostumbren a la claridad de la temprana realidad.


Apoyada en su pecho solo consigo ver las sábanas protectoras del frío y conservadoras de nuestro calor, las cortinas casi transparentes me tientan con un día soleado y lleno de vida, desde esta posición puedo ver el cielo, juraría que sonriendo, gracias.

Me incorporo lentamente para tener una perspectiva de lo realmente bello de esta mañana. Él está dormido todavía, respira muy lentamente, rozando la quietud; tiene la cabeza ligeramente girada hacia la ventana, como ansiando el sol que en estos momentos le ilumina el rostro y amenaza con despertarle. Sus labios entreabiertos suspiran deseos de eternidad que intento atrapar con cada respiración. Tiene el brazo izquierdo bajo de la almohada, en el lugar donde yo he dormido, el otro reposa en su vientre desnudo, bailando al compás de éste. Y luego está su tatuaje, EL tatuaje, lo repaso con mi dedo índice deteniéndome en cada detalle, reviviendo cada curva y escuchando cada letra, está situado justo en el centro de su pecho, bajo el cuello; el mensaje “All you need is love”, en algún momento de la noche hice mi aportación y continué con el tatuaje escribiendo “and all I need is you” con rotulador. Gracias por esta perspectiva de él.

Tras mi detallada observación, decido que todo es correcto y como debe ser en una mañana de domingo, me levanto. Secuestro su vieja camiseta de Superman que lleva abandonada en la silla del escritorio desde tiempos prehistóricos, en realidad desde ayer, pero ayer ya parece tan lejano… Gracias. Resulta una supercamiseta, más que suficiente.

Mi mirada se detiene en el escritorio: una cámara polaroid me devuelve una mirada majestuosa, una de sus pasiones es la fotografía, me extraña la presencia de esta cámara ahí: cuando salimos anoche llevó una simple cámara digital. Localizó a esta última a los pies de la cama.

Me pongo cómoda en el diminuto, pero inspirador sofá que me ofrece sus servicios desde el otro extremo de la habitación. Escucho atentamente la historia que las fotos me narran conforme voy examinándolas: nuestra historia, la historia de nuestra noche de ayer… Todos de gala estábamos guapísimos, la cena fue con sus compañeros de clase, personas realmente divinas, en un restaurante del centro; más tarde tuvimos la fiesta en una sala de los mejores hoteles de la ciudad: una auténtica mansión sufrió nuestros métodos de diversión más extremos, en la fiesta estuvieron sus mejores amigos y agradecí ver caras conocidas entre tanta mirada de superioridad.

Llego de nuevo a la primera foto y, aunque no me importaría revivir las fotos hasta haberlas memorizado, apago la cámara y la deposito en el escritorio, junto a la polaroid.

Salgo de su cuarto y paseo por el apartamento… quizás “paseo” es una palabra demasiado fina para el momento”, más bien ando por el pequeño piso que es su apartamento y que a duras penas puede pagar: su escaso sueldo no le permite lujos. Se gana la vida tocando por las noches en algunos pubs con su grupo (sus mejores amigos). Agradezco que sea así, me encanta que viva por, para y de la música, que alimente su espíritu de acordes y que pierda el sueño con cada canción inacabada.

En apenas tres pasos me sitúo en la cocina. Hay que coordinar las puertas para poder pasar del salón a la cocina, pero una vez conoces el truco lo haces involuntariamente. Abro el refrigerador; la comida sana no hace demasiado acto de presencia, es más, la comida en general brilla por su ausencia. Me hago con el cartón de leche sin pensarlo demasiado y como siguiente paso, abro el armario de los vasos (de toda la vajilla en realidad) cojo su vaso, el vaso en el que él posa sus labios todas las mañanas al desayunar y lo sé porque es el primero que me da los buenos días nada más abrir la puertecita del armario, es el único que ha sido tantas veces fregado que ya tiembla cada vez que es usado y es el único que solo puede tocar él mismo debido a su valor emocional. El vaso pertenece al local donde dieron su primer concierto, además del lugar donde nos conocimos.

Sonrío al recordar la historia, no pude ser más estúpida, pero cada día doy las gracias por mi estupidez. Era la primera vez que mis amigas y yo íbamos a ese pub y su música (y ellos) nos gustaron tanto que decidimos ir a hablarles, simple, la cosa se complicó después cuando le comenté que convencía todas las noches a mis amigas para ir a ese mismo lugar y poder verle tocar, entonces él me dio las gracias por encontrar a su hermano gemelo, y es que no solo nosotras estrenábamos el pub, también era la primera vez que ellos tocaban allí. Como disculpa me ofrecí a llevarles los instrumentos al próximo lugar en el que tocaran, él decidió que aquello compensaba mi metedura de pata. Tras dos largas horas demostrándole que no solo podía fastidiar el momento una vez sino muchas más me dijo que el próximo lugar en el que quería tocar era mi casa. Tuve que llevarme su guitarra, la de su compañero, el bajo y los platillos de la batería a casa, agradecí tener a mis amigas allí para ayudarme. Al día siguiente volvió a recogerlos y desde entonces, hasta hoy.

Acudo al único sillón del apartamento que está en el salón. Me siento con las piernas cruzadas para evitar el contacto de mis pies desnudos con el suelo, mantengo el vaso de leche entre mis manos. Es un cómodo sillón tan desgastado y con un tapizado tan victoriano que pasaría por una pieza de museo y es que, en realidad, todo su salón es una pieza de museo: un mueble estantería preside el cuarto, de madera de roble ya envejecida, los libros se amontonan en ella empolvados y desencuadernados pero magníficos, no hay televisión, la vendió hace algunos meses; sin embargo, aún mantiene lo que probablemente sea el aparato más caro de la casa: el reproductor de discos de vinilo, su más preciado bien después de las guitarras, el reproductor se yergue desde una pequeña mesita al lado del sillón, bien cerca del oído humano, los discos de vinilo se reparten por toda la sala, aparecen allí donde la vista alcanza y donde el mínimo espacio les permite, ni siquiera tiene mp3 en su vida, a veces me pregunto si realmente pertenece a esta época… Gracias por la respuesta negativa. Un cuaderno reclama mi atención, es su cuaderno de canciones, sin poder ni querer evitarlo lo recojo del suelo, paso las hojas y escucho cada sonido, cada canción en el crujir del papel, llegó a la última página, ha escrito en mayúsculas el título de la canción y todos los acordes, pero tan solo aparece la letra del estribillo, el resto está vacío, huecos con un sonido mudo; el título: BABY BLUE EYES, sonrío, obviamente no está inspirada en mí quizás en su madre o en alguna de sus mejores amigas, cojo un bolígrafo y comienzo con lo que mejor se me da: escribir, me inspiro en él, en sus ojos azules y en todo lo que representan para mí. Hago un buen trabajo, lo suficientemente bueno para dejar el cuaderno en la mesa con la esperanza de que lo vea al levantarse.

Tras limpiar el vaso y depositarlo con mucho mimo en su trono me dirijo al baño, al apartar la puerta de la cocina el calendario oscila peligrosamente y acaba ladeado, cierro la puerta y lo coloco con suavidad correctamente. El calendario es un buen resumen de lo que es y será su vida, estudio con curiosidad cada cita, en el día de ayer alguien ha escrito encima, de su puño y letra leo: ”Graduación”; sin embargo, alguno de sus amigos ha puesto: “Nada de drogas, hoy sexo y Rock ‘nd Roll”; creo saber cuál de ellos ha sido; me río con su sentido del humor; he de confesar que fue en su amigo en quien primero me fijé, aun así tengo el mejor criterio del mundo, gracias. Tiene otra nota apuntada para dentro de tres días: “Médico, 12:00”; me entristece, acompaña a su madre al médico cada seis meses para unas revisiones ordinarias, hace tres años le diagnosticaron cáncer; sin embargo, tras la operación todo mejoró. Por mucho que duela, es algo que le ha hecho mucho bien a él: pensaba dejar los estudios y su madre peleaba con él día sí y día también: ayer se graduó; además aprobó el carnet de conducir para poder acompañar a su madre cuando su padre trabajara, incluso se compró un coche que le ayudo a limpiar cada domingo, no falta mucho tiempo para tu ducha, pequeño. Ya que me siento parte de su vida también, decido añadir un pedacito de mí al calendario, levanto las hojas de los meses al azar: octubre, no tiene ninguna nota a excepción de algún cumpleaños, cojo un rotulador y escribo en un día al azar lo primero que me viene a la mente, una vez escrito me separo unos centímetros del calendario para observar mi mensaje, ladeo la cabeza y asiento, comentario aprobado; el texto, una simple palabra pero una dura obligación: SONRÍE =). Por simple curiosidad decido ver cómo ha decorado (si lo ha hecho) el día de mi cumpleaños, paso las hojas hasta encontrar ese pequeño cuadradito del mes de diciembre, está vacío; sin embargo, justo en el hueco de arriba, una semana antes ha escrito: “Buscar regalo” y en el día siguiente: “Comprar regalo”, en el siguiente, él mismo ha vuelto a escribir: “Cambiar regalo por uno mejor”, no puedo evitar soltar una silenciosa carcajada, destapo de nuevo el rotulador y tacho con una equis cada orden que él mismo se ha impuesto y escribo en el hueco de mi nacimiento: “Concierto privado”. En todo el tiempo que llevamos juntos jamás me ha dedicado una nota, ni siquiera una canción cuando estamos solos, me lo debe.

Necesito despeinarme, anoche ni siquiera me quité los adornos del pelo, por lo que sigo excesivamente peinada alboroto mi cabello y divago en la estancia más íntima de la casa. De nuevo un detalle consigue sorprenderme: hay un cepillo de dientes, uno nuevo que se encuentra aún en su envoltorio, tal y como me prometió en su día: ha comprado un cepillo solo para cuando me quedase a dormir y es que no es la primera vez que uso su cama como protección de la realidad, pero sí es la primera vez que él está presente en el refugio, la primera vez que pasé la noche allí me había escapado de casa, no soy una persona problemática: vivo con mis padres, estudio en la universidad, hago deporte, aprendo idiomas y tengo a las mejores personas del mundo a mi alrededor. Gracias. Lo utilizo como si se tratara de oro. Me miro en el espejo y un alegre reflejo me presenta una dulce sonrisa con ojos aún brillantes, gracias.

Vuelvo a su cuarto, él sigue igual que cuando me fui, tiene un increíble don para eso, su tranquilidad promete el descanso eterno. No me atrevo a romper el encanto y me paseo por la habitación en busca de algo que analizar. El cuarto es en sí una obra de arte, podría pasarme horas allí entre recuerdos que flotan en el aire, notas que empapan las paredes y objetos que huelen a belleza.

Creo que el corcho que se alza enfrente del escritorio es la pieza más perfecta, apenas cabe una chincheta más, las fotografías de la polaroid ocupan todo el espacio permisible, cada cual más bonita que la anterior. Todas las fotografías tienen una historia detrás, una digna de novela. Están sus padres, su familia, su yo joven, sus amigos, sus compañeros, su primera guitarra, sus viajes… Una de las fotografías me impresiona, en el sentido más maravilloso de la palabra: soy yo, es la única imagen en la que salgo sola, estoy en su cama, sentada con las piernas cruzadas sobre las sábanas, de perfil a la cámara y mirando por la ventana, una noche apenas estrellada posa en todo su esplendor tras el cristal, en la habitación todo está oscuro salvo por una pequeña lamparita que se encuentra sobre una pila de libros y proyecta mi sombra más allá del cielo. Es preciosa, ni siquiera me di cuenta de cuándo la hizo. Gracias, sé que fue anoche: ahora mismo llevo la misma camiseta y eso explicaría por qué la polaroid se encontraba sobre el escritorio y no en su madriguera. Hay una foto que hice yo: mi hermano pequeño está en sus brazos y él sonríe mientras le saca la lengua, descuelgo la foto con mucho cuidado, los hombres de mi vida deben estar en mi vida ¿no? Así que extiendo la fotografía sobre mis cosas que están en el escritorio.

Le noto cambiar de posición en la cama, hacia mi lado, respondo a esa llamada involuntaria y acudo voluntariamente a la cama de nuevo. El colchón cruje mientras le busco entre las sábanas, al fin mi búsqueda da resultado: beso sus labios suavemente y su respuesta es casi automática. Finalmente reposa su cabeza suavemente sobre mi pecho y rodea mi cintura con los brazos. Cierro los ojos, él los abre. Gracias.


sábado, 29 de enero de 2011

Capítulo 40

El resto del vuelo transcurre tranquilo, llegamos cuando la noche posa con todo su esplendor, los chicos se han dormido prácticamente en la misma posición, les hago una foto antes de que Adrienne rompa el encanto y los despierte. Es la primera foto que tengo de ellos, después de cuatro meses en USA. La mayoría de las fotos de estas vacaciones son de Jacob con sus padres en el parque de agua, Joseph y yo apenas hicimos fotos de nuestras salidas.


Oh sweet home California! Las vacaciones no me han dado todo lo que esperaba de ellas, pero aún así, le agradezco a Hawaii el haberme dado la oportunidad de conocer más a Joseph y unirme más a Jacob.

Sale el sol, me siento la cama, me pongo mis zapatillas, me levanto, ando hasta el baño, cierro la puerta, me desnudo, entro en la ducha, salgo, me visto, y bajo a desayunar, todo normal en un día corriente hasta que entro en la cocina. Allí están Billie y Adrienne charlando tranquilamente ¿sigue pareciendo normal, verdad? Pero justo al verme pasar por su lado se silencian con las miradas. Si pasas al lado de dos personas y se callan solo puede significar dos cosas a mi entender: te están criticando, están criticando a alguien que conoces.

-¿Qué ocurre?- Pregunto con miedo. Ellos se miran y, ante la falta de iniciativa de mi padre, Adrienne se levanta y coge un sobre de la encimera, uno muy grande, uno de color marrón, uno que susurra mi nombre.

-Melanie, esto es tuyo.

Efectivamente, lleva mi nombre en una etiqueta pegada al dorso junto con el símbolo de California.

-¿Qué es?-Pregunto.

Como si fuera a averiguarlo más rápidamente que ellos formulando esa pregunta.

-Ábrelo.- Me anima Billie con una sonrisa de oreja a oreja.

Despego el papel lentamente, rasgándolo con cuidado por la solapa. Ahí vamos. Creo saber de qué se trata antes de sacar el primer folio: son los resultados de la prueba de admisión a la universidad. Trago aire antes de aguantar la respiración en el proceso en el que tardo en sacar los folios del sobre. Cierro los ojos, respiro, los abro… Apta.

-He aprobado…- susurro aliviada.

Ellos parecen aliviarse también. Mi padre me aprieta el hombro con su mano, orgulloso, creo. Sonrío.

-Enhorabuena, Melanie.- Salta una voz desde detrás de la encimera. ¿Cuánto tiempo lleva ahí?

-Gracias Josh, buenos días a ti también.


-Por cierto, papá, he decidido que voy a aprobar matemáticas.

Aquella conversación que todos tuvimos con papá una noche vuelve de nuevo a mi mente, Billie le prometió un bonito premio si aprobaba la asignatura que tiene clavada en el alma.

-Luego hablamos.- Corta Billie.

No me entretengo más allí, ni siquiera desayuno, como era el propósito principal de la mañana, subo directamente a la habitación de Jacob y entro directamente. Me sorprende verlo tumbado en la cama, despierto y mirando el techo pensativo, resulta raro en Jake.

-¡He aprobado!


-¡Enhorabuena, Mel! Lo sabía.


-¿Ocurre algo, Jake?


-Mmm no… nada grave por el momento.- Entro y cierro la puerta.- Hoy parece que va a ser uno de esos días en los que apetece llorar.

Mi hermano mira por la ventana, es cierto, está nublado y eso, en California, puede ser motivo de llanto para muchos pero creo que Jacob se siente mal por un motivo diferente.

-¿Aún le das vueltas a lo de Hawaii?


-No, la cagué, punto. Pero… jo, Mel… te lo tengo que preguntar o no me sentiré bien.


-Claro, dime.


-Y sé sincera, porfa.


-Siempre, Jake.


-Verás, no consigo acordarme muy bien de… bueno, de la noche… pero creo que en algún momento hablamos ¿no?


-Sí.


-¿Qué te dije?


-Pues…- finjo que estoy recordando para intentar decidir qué debería decirle, si me pregunta esto tan preocupado solo puede ser por un motivo: no quería decirme lo que me dijo- me pediste que te llevara a España, creo.

Por una parte, me siento mal por mentirle (mejor dicho, por ocultarle información), pero pienso que en el fondo se sentirá mejor así, si decide contarme algo, que sea por propia voluntad y no por la de una mala noche.

-¿Te lo pedí… por algún motivo… o algo?


-Mmm no… surgió sin más.- Intento que mi voz suene lo más desinteresada posible.- ¿Te preocupa haber dicho algo malo?


-Sí, la verdad es que sí, bastante, no fue mi mejor noche.


-Solo me dijiste eso y que el camarero tenía pinta de asalta cunas.

Ambos nos reímos, puedo ver a Jacob más relajado.

-De todos modos, Jake, puedes contarme lo que quieras.


-Tú también lo sabes ¿no? Porque a veces pienso que no soy lo suficiente bueno para guardar tu secreto…

-¿Se trata de un intercambio? ¿Es eso?- Pregunto algo molesta, no con Jake, si no con la situación, a mi me encantaría poder contárselo pero su forma de verme podría cambiar totalmente, lo que me da que pensar ¿y si fuera eso lo que le ocurre a él también?

-No… pero me estás pidiendo que confíe en ti, cuando tú no confías en mí…


-Jacob Amrstrong que te quede bien claro, eres la única persona aquí a quien le confiaría mi vida, no a Zack, no a papá y tampoco a Josh ¿de acuerdo?

Parece sorprenderle, me mira con cara de ¿indignación?

-¿Entonces?


-Dame tiempo…


-Claro. Lo mismo te digo.

Parecemos idiotas, ambos queremos soltarlo pero lo único que hacemos es pedirnos tiempo, a veces me gustaría que me atosigara un poco, que la preocupación o la simple curiosidad pudiera con sus principios morales, pero sé que Jacob no es así y lo sé porque yo soy jodidamente parecida.

Algo aparece para cortarnos el mal rollo, Joseph entra sin permiso en la habitación.

-Hola, hermano- pasea su vista por el cuarto entero para comprobar si debe saludar a alguien más y allí estoy yo- hola, persona- siempre tan agradable- tengo noticias.


-Y nosotros cerebro… fuera de mi cuarto, Josh, nadie te ha invitado.


-Pero que borde eres cuando quieres, Jake.

Estoy tentada de responder “como tú” pero eso me delataría de nuevo, apoyando el bando de Jacob así que prefiero quedarme callada.

-Es una noticia que os interesa.


-No nos…


-Déjale hablar, Jake- Sí he apoyado a Joseph y no me ha pagado, espero que merezca la pena.

-Dentro de poco… en casa… ¡habrá un nuevo miembro!


-Oh no… Que alguien avise a protección de animales, Josh quiere una mascota.- Bromea su hermano.

-Un perro, probablemente.- Sonríe Josh orgulloso.

-Lo tienes muy claro- intervengo- ¿vas a aprobar seguro?


-Sí, solo necesitaba motivación, no era esto lo que más quería pero he pensado que es un buen regalo ¿qué opináis? A papá le parece bien y mamá me ha dicho que con tal de que no entre el bicho en casa…


-Te deja entrar a ti y no deja entrar al perro, no veo la diferencia.


-Oh, Jake, crece, esa broma ha sido muy barata.

-Josh.- Digo cambiando de tema, no he tenido oportunidad de hablar con él desde nuestra discusión, quizá este sea un buen momento- ¿Crees que se debería hablar lo que pasó en Hawaii?

Nótese el efecto de la impersonalidad en la oración, espero haberla compuesto bien.

-Está todo bien, Mel, no problem.


-¿Qué pasó?- por supuesto, el rey cotilla ha de hacer su trabajo.

-Joseph se enfadó conmigo…


-Yo no me enfadé, solo me molesté.


-¡Wooh la nueva no-hermana ha conseguido algo que yo no he conseguido en 12 años de vida!


-Iros a la mierda.

Josh sale de la habitación riéndose por el comentario de Jacob. Creo que debería hablar con él, hay ciertas cosas que puedo dejar pasar sin más, pero no esto.

-Ahora vengo.

No consigo nada, Joseph sigue insistiendo en que no quiere hablar del tema, peor para él si quiere guardarse esos sentimientos, sería la primera vez que Josh no dice algo en voz alta.

En su cuarto parece nervioso, como si no le gustase que yo estuviese ahí. Sinceramente yo tampoco me encuentro muy cómoda rodeada de tanta pornografía, hard punk y oscuridad. Quizás debería salir ya.

-Oye, Mel, lo que voy a hacer ahora… va a molestarte… va a molestarte mucho…

Me impresiona su frase… abro mucho los ojos y miro a mi alrededor, asustada, llamadlo paranoia…

-¿Cómo sabes que va a molestarme?

Él no responde atraviesa su habitación y abre el último cajón de su mesita de noche. Revuelve las cosas y saca un sobre. Joseph mira el sobre, el sobre mira a Joseph y finalmente ambos me miran a mí. Me lo extiende.

-Llegó antes de que nos fuéramos a Hawaii y Adrienne lo dejó un tu escritorio…

El pequeño sobre tiene mi nombre escrito a mano con letra angulosa y pequeña pero legible e increíblemente bonita, y pienso así porque sé quién ha escrito mi nombre de esa manera…

-¿Por qué me lo quitaste?- Pregunto triste, acariciando las letras de mi nombre con los pulgares.

Josh no responde. El sobre está abierto, lo que significa que ahí está la respuesta, lo que significa que todo lo vivido con Joseph no ha significado una mierda si luego no respeta nada.

-Eres el ser más egoísta que he conocido nunca.

lunes, 3 de enero de 2011

Caítulo 39

Mi despertador es el sonido de la cadena del váter, abro los ojos muy lentamente y la luz que reciben es casi dolorosa. Mundo cruel. Veo a Jacob salir del baño con las manos en la barriga y muy mala cara.


-Juro que no volveré a beber nunca más…


-Eso decimos todos la primera vez.- Josh se despierta desperezándose con poco cuidado y dándome un codazo en la espada.

-Será mejor que no bajes a desayunar…- Observa mi mente experta, observa demasiado tarde: tocan a la puerta, pero no exactamente la puerta del pasillo, llaman a la puerta que conecta las dos habitaciones por lo que solo pueden ser dos personas. Bien, no hay nada mejor para despertarse que haber de enfrentarse a la realidad.

En vista de la poca intención de colaboración por parte de mis compañeros de cuarto, me levanto y abro la puerta, es Billie. Al sobrepasar el umbral se para cerca de la puerta cerrada del baño, la cual ha decidido encubrir a Jacob, y arruga la nariz.

-¿Qué ha pasado aquí?

Joseph empieza a reírse.

-A Jake le ha sentado mal algo y no se encuentra bien, cenaría algo en mal estado, no sé- intento disculparle sin mucho éxito.

-¿El qué?


-Un zumo, no te jode…- susurra Joseph a la almohada, pero todos lo oímos.

Billie suspira y mira a Joseph gravemente, quien sonríe divertido.

-Vale, todos abajo, id al restaurante con Adrienne, ahora iré con Jake.

Joseph, con la única finalidad de meter más cizaña y continuar con la humillación de su hermano, no se mueve y cruza los brazos bajo la cabeza.

-Tengo que ducharme…

Billie le lanza tal mirada que podría haber movilizado hasta al mismísimo ejército soviético con solo pretenderlo. Joseph finge que no es así pero se levanta tan rápido que hasta sale descalzo al pasillo.

Algún día agradecerá tener a alguien como yo a su lado, no ahora y no a mí, pero lo hará: le explico su fallo respecto a su calzado y vuelve a entrar a la habitación con una seguridad que no tiene, una seguridad que le ha sido prestada.

En cualquier caso, yo también necesito de una seguridad ajena para enfrentarme a Adrienne así que espero a que Joseph decida bajar.

De nuevo pienso, ingenuamente, que con Josh de mi parte, podré cubrir a Jacob, mente ingenua. Nada más alcanzar a Adrienne, mi hermanastro suelta:

-Mamá, dice papá que subas, a Jake le pasa algo…

Adrienne se levanta confundida y nos despide.

-Papá no había dicho nada ¿verdad?


-Verdad.


-Eres un capullo.


-¡Venga ya! Él me la hizo ayer, se la debía ¿por qué tiene que ser siempre Jacob el bueno?


-Bueno, él…- Joseph lo ha conseguido, no sé qué responderle- sois muy diferentes, Josh, él…


-Déjalo, en serio…

Me siento mal, Josh está dolido, le cuesta admitirlo, pero es cierto, lo conozco poco, pero lo justo para saber cuándo le he fallado. Él ya se encuentra sirviéndose el desayuno y yo sigo en mi lugar, sin moverme, como la idiota que soy, finalmente consigo acercarme a Josh cuando este ocupa su lugar en la mesa.

-Josh lo siento.- Él finge sorprenderse y me mira confundido.

-¿Vale?


-No Josh, no, vale no, cuando alguien te pide perdón no le puedes decir vale.


-¿Y qué quieres que te diga? ¿”las doce y cuarto”?


-Dime que me perdonas o que me odias, pero no me ignores Josh, no hagas como que no pasa nada porque eso siempre agravará las situaciones, eso es lo que os pasa a Jake y a ti: tú te vengas de él, él se vengó de ti y así sucesivamente hasta el día en el que se fundó vuestra relación.


-En ese caso… no te perdono.


-¿Por qué? ¿Por haberte llamado capullo? ¿Por creer que Jake era el bueno? ¿Por…?- Me interrumpe.

-Por preferir a Jacob.

Se vuelve a levantar de la mesa, dejándome con la palabra en la boca, más bien llevándose cualquier palabra que pudiera salir de ella porque me las ha robado todas. Ahora resulta que a Josh le molesta que prefiera a su hermano ¿prefiera? No creo que esa sea la palabra no prefiero a ninguno de los dos, los quiero a ambos y conforme los conozco, más.

Me haré perdonar, siempre lo hago. Consigo un boli de la camarera y le escribo mi nota de arrepentimiento en una servilleta: no pienso arrastrarme para conseguir un perdón por algo que no es real.

“Siento que te moleste, pero siento aún más que lo pienses.”

Dejo la servilleta bajo su vaso de zumo, y abandono el restaurante con la sensación de que mi última nota dará para una charla muy larga con ambos hermanos.

Volvemos a casa, el problema con Jacob no ha gustado nada a sus progenitores y, no sé muy bien si como castigo o como precaución, volvemos a CA. Ha sido un placer conocerte, Hawaii, lo has hecho bien, see ya!

En el avión, Adrienne se sienta junto a Jacob, quien se encuentra mejor, de hecho, está perfectamente, si no fuera por el hecho de que se siente mal por ser el culpable de arruinar las vacaciones familiares. Junto a ellos se aposenta Joseph que parece que sigue molesto conmigo, aunque sé que ha leído mi servilleta. Por lo tanto, a mi padre y a mí nos tocan los asientos de la fila de delante, aislados del resto de la familia, en el viaje de ida esos dos asientos los ocuparon Billie y Adrienne.

Mi padre mira por la ventanilla mientras yo examino minuciosamente una cabeza rubia que hay tres asientos más adelante, desgraciadamente, tengo la sensación de que en cualquier momento o en cualquier lugar me puedo encontrar con Zack de nuevo, llámalo obsesión, llámalo X, pero le echo de menos. Creo que mi sentimiento de añoranza se ve potenciado por el de culpa y es que no puedo evitar sentirme responsable de lo que le ocurrió a Jake, si simplemente hubiera cuidado mejor de él… fue algo evitable.

-No puedo evitar sentirme culpable, papá.- Él suspira ruidosamente y me mira.

-Nunca tengas hijos, Melanie, firmado: tu padre.

Papá y sus sabias frases a tiempo.

-Descuida.


-No, en serio, si lo haces, eso que sientes ahora lo sentirás el resto de tus días. Parecerá que la cagues con cualquier cosa que hagas…


-¡Venga ya! Tú lo estás haciendo muy bien.


-¿Tú crees?

-No lo creo, lo sé. Jacob es maravilloso, la cosa más dulce que el planeta ha tenido jamás, no es por defenderlo sin más, pero lo de la otra noche fue un hecho aislado, todos tenemos derecho a deprimirnos y actuar estúpidamente una noche.- Digo sin poder evitar extrapolar mis palabras a mi existencia.- Solo una… solo una noche…

Billie me mira muy seriamente, quizás no le han gustado demasiado mis palabras, porque puede que haya pensado que iban con un segundo mensaje dirigido especialmente a él, me callo rápidamente ante mi metedura de pata.

-Sí, puedo entender a Jacob.- Dice lentamente.

-Y Joseph… bueno, Joseph es diferente a cualquier persona que haya conocido antes, me cuesta describirlo… Es… un cabrón.

No podría haberlo descrito mejor. Billie me mira anonadado.

-Pero el mejor de todos.- Aseguro.

-¡El mejor cabrón de los cabrones!- Añade él, a lo que ambos acabamos riendo.

-Tiene una seguridad en sí mismo arrolladora, conseguirá todo lo que se proponga, como ha hecho hasta ahora, creo.


-Lo que me preocupa es: si para ello tiene que pisotear a alguien ¿lo hará?

¿Por qué tengo la sensación de que responder afirmativamente a esa pregunta sería cagarla y decir la verdad a la vez?

viernes, 17 de diciembre de 2010

Capítulo 38

Es una zona bastante salvaje de la isla de Honolulu, una zona muy verde, apenas profanada por la mano del hombre. Una humilde casita de madera se encuentra al lado del aparcamiento.


Es una pequeña empresa de alquiler de helicópteros, Josh alquila uno para una hora, nos presentan a nuestro piloto y allá vamos.

Es una sensación espectacular la de sobrevolar la isla en helicóptero. El ruido, al cabo de unos minutos, resulta incómodo a pesar de los cascos, aún así, es una experiencia única. Aprovecho para tomar algunas fotografías -nada artísticas- para la prosperidad. Al mismo tiempo, el guía nos iba comentando algunas características de la isla. Es como escapar de todo, desconectar unos instantes para separar mente y cuerpo, dejando que mente sea la única protagonista y cuerpo simplemente preste sus servicios sensoriales. Es como respirar un aire nuevo, un aire jamás respirado y tan puro que ninguna otra persona lo ha experimentado jamás.

Ninguno de los dos hablamos durante el trayecto, tampoco lo hacemos al bajar, solo nos miramos sonrientes, como si acabásemos de haber alcanzado el máximo placer. Veo cómo le brillan los ojos a Joseph y aún respira por la boca, no es típico verlo tan contento, empiezo a pensar que Josh tiene una faceta muy personal que no deja mostrar nunca y ahora lo está haciendo inconscientemente.

De vuelta en el Mini seguimos sin mantener una conversación digna de ese nombre, nos dedicamos a exclamar adjetivos sobre la experiencia, tales como: increíble, maravilloso, orgásmico, único… en un orden pragmático casi perfecto.

Llegamos al hotel cuando ya ha oscurecido, por supuesto, el resto de la familia ya debe estar allí. Entro en la habitación seguida por Joseph que se tumba en el sofá y desconecta el mundo real para sumergirse en la red de Internet con su portátil.

-¿Jake?


-Estoy aquí.- Oigo su voz desde el baño- Pasa.

Me recibe un una estancia mágica repleta de burbujas y perfume de chuches. Mi hermano esta en el jacuzzi cubierto hasta los hombros de espuma, con una sonrisa en los labios y expresión inocente e infantil que se acentúa al verme y que queda potenciada por ese olor en el baño a tienda de golosinas. Me siento en la taza del váter, trono de aquel reino, a la derecha del rey.

-¿Has pasado todo el día con él?


-Así es.


-Y has sobrevivido, increíble.- Dice, pero sin rastro de reproche en su voz, solo burla.

Le pregunto por su día en el parque de agua, me comenta las anécdotas más sonadas como buen rey cotilla y como le han abandonado Billie y Adrienne: en realidad se fueron a cenar y Jacob quería quedarse para darse un largo baño relajante. La verdad es que le envidio. Me invita a participar en su baño, ya que hay sitio para dos, como máximo, pero rechazo la invitación.

-Esta noche hay una fiesta.


-Todas las noches hay fiesta aquí.


-Se trata de ir vestidos de algún color al completo.


-Mmmm… - Aún no me ha terminado de convencer.


-Hay que pagar un suplemento para entrar, pero incluye cóctel, orquesta y lunch.


-¿No será para viejos?


-¡Habrá de todo!- Sigo dudando, mi cuerpo no está hecho para aguantar tanto en un día: gimnasio, clase de surf, helicóptero…- ¿vienes?

Y ahí acaba todo, ahí es cuando termino de derretirme ante la mirada dulce de Jacob y acepto, ni siquiera tiene que insistir, él y su actitud se bastan para que no me atreva a contradecirle, algo parecido me pasa con Joseph pero su actitud es completamente opuesta.

Aviso a Joseph de que vamos a salir, pero cuando queda enterado de que nos dirigimos a una fiesta se apunta también. Procedemos a la táctica de dispersión pre-fiesta, como si lo hubiéramos ensayado, cada uno ocupamos nuestro lugar para arreglarnos, Josh se queda en el dormitorio, Jake tiene el baño y yo voy a la habitación de Billie y Adrienne por la puerta que comunica las habitaciones para invadir su baño ante la falta de espacio en nuestra habitación.

Decido que iré de blanco por completo, es el único vestido apropiado que me he traído para una fiesta, de algodón lo que quizás lo haga un poco ligero para una noche fresca. Una vez vestida, peinada, maquillada, perfumada y emperifollada en general, entro de nuevo en nuestra habitación donde ya no hay nadie. Parece que ambos sujetos masculinos se encontraban demasiado ansiosos por volver a socializar nocturnamente. Bien, bajemos.

Un hombre disfrazado de pingüino me toma los datos muy cordialmente y, después del intercambio de dinero, me permite pasar a la terraza. Tal y como predije, es una noche fresca, el escenario es un campo decorado con sillones de terraza blancos y velas perfumadas por doquier, aunque el olor a césped es difícil de disimular, los camareros también brillan con sus disfraces, moviéndose de un lado para otro con bandejas bien soberbias ofreciéndolas a los participantes de la fiesta, todo muy elegante, cual anuncio de Ferrero Rocher.

No localizo a Jacob por ninguna parte, sin embargo, pronto encuentro a Joseph, lleva una copa en la mano y se dirige a un corrillo de tres chicos de su edad aproximadamente; al verme, me mira de arriba abajo y asiente, como si me estuviese dando permiso para estar en la misma fiesta y no producirle vergüenza ajena, pero no me da la bienvenida ni me ayuda a integrarme. Él viste de negro al completo, por cierto.

No estoy acostumbrada a ir a fiestas sin conocer a nadie, quizá sea un error estar aquí, un camarero joven y muy atractivo pasa por mi lado ofreciéndome sus delicatesen, entiéndase por ello las copas de champagne, me sirvo.

Pronto me encuentro con una cara conocida: Giovanna está cerca de uno de los sillones luminosos, aparentemente sola, ese aparentemente es lo que me hace dudar sobre si acercarme o no, una sonrisa por su parte acaba por darme el empujón. Ella también lleva un vestido, solo que de color rosa palo, muy sencillo a la par que femenino.

-Buenas noches.- Saludo.

-Hola, Melanie ¿qué tal todo?


-Va benne. ¿Estás sola?


-Si lo dices por Tom- las pilla al vuelo, esta chica- sí, estoy sola. Se ha ido hace un momento… trabajo, ya sabes.

Por el tono de cansancio con el que lo ha dicho, sé que esconde mucho más de lo que su simple frase ha dejado entrever. Le propongo sentarnos.

-Las relaciones con un trabajo así de por medio siempre son duras.


-Claro.


-Pero vosotros lo lleváis bien, se os ve felices.- Continuo a riesgo de parecer típica, sé que esto se lo deben decir todos los días.

-Quiero a Tom más incluso que el primer día, pero eso no quita que quiera disfrutar más de él, por más tiempo; -hace una pausa- pero es su trabajo y lo respeto, igual que él respeta el mío.


-Lo sé.- Y lo he vivido, aunque no lo quiera admitir.- Tú y su trabajo le hacéis feliz, es como una amante con la que tienes que aprender a compartirlo.


-Exacto.


-A mi me pasa lo mismo.- Me sorprendo a mi misma confesándome, no entiendo muy bien por qué lo he hecho, pero supongo que necesitaba compartirlo con alguien que siente lo mismo.

-¿Es duro, verdad?


-No sé qué decirte, apenas se ha ido hace un mes…

Compartimos experiencias como dos amigas más con algo en común, pero en ningún momento le desvelo la identidad de Zack y no tengo muy claro el porqué. De repente suena el móvil de Giovanna.

-Es Tom.- Contesta levantándose. Al colgar, se excusa diciendo que tiene que irse.

De nuevo sola. Ni si quiera el champagne me acompaña ya. Pero no por mucho tiempo: Jacob no tarda en aparecer y dejarse caer a mi lado pesadamente, con un mojito en la mano.

-¿Qué tal la noche?


-Mmmm… ese camarero de allí me ha tirado los tejos.- Dice mirando hacia el chico tan guapo que me ha servido al principio de la noche, no estoy muy segura de si es cierto, el chico parece irradiar simpatía por todos los lados, quizás Jake lo haya confundido.

-Al menos está bueno, no te quejes.


-Maldito pederasta.- Lo pronuncia de una manera extraña en él, de una manera que suena a alcohol.

-Jake… ¿estás bien?

-No… -suelta una larga carcajada estúpida e infantil- estoy borracho.

Sí, está borracho, me cuesta admitirlo, pero mi dulce Jake, el que minutos antes se bañaba con gel con olor a piruleta ahora está borracho. Le quito el vaso de las manos y no ofrece resistencia.

-Aishhh, Jake, Jake…


-Melanie…


-¿Qué?


-A veces estoy triste…


-Es normal, Jake, todos lo…


-Prométeme que me llevarás a España.


-¿Cómo?


-Cuándo te vayas, ¿me llevarás contigo?


-Jake, estás bebido, no sabes lo que dices, luego te arrepentirás.


-Por favor Mel…- Unas lágrimas asoman tímidamente y me amenazan con invadir el rostro de Jake en mi presencia, algo que no puedo tolerar, estoy decidida a aceptar su trato a sabiendas de que está ebrio y mañana probablemente no se acuerde, pero él añade algo más:- estoy cansado de los insultos…

Termino de entender muchas cosas, pero especialmente el porqué Jake se siente así, insultos… solo hay un motivo, probablemente el más ilógico de todos, para que algo pudiera molestar a Jacob, ¿acaso se meten con él por lo que siente? Abrazo a mi hermano que queda dormitando sobre mi hombro. Su hermano no tarda en aparecer por allí y toma asiento en el sofá de al lado, a mi izquierda.

-¿Una noche dura?- Pregunta mirando a Jacob.

-Solo está…


-Borracho.

Suspiro, supongo que intentar cubrir a Jake ante su hermano va a ser complicado, sobre todo después de lo que hizo Jake esta mañana entregándole la tarjeta de la habitación a Adrienne.

-La versión oficial para tus padres es cansado ¿de acuerdo?

Él se encoge de hombros.

-Un día es un día.- Admite mirando con algo parecido al cariño a Jake.

-Gracias Josh.


-Qué envidia…- susurra mirándonos.

Y allí apareció la parte más dulce del primogénito: admitiendo que tenía envidia, no podría asegurar exactamente de qué, quizás de ambos, de nuestra relación o quizá de mí por ser capaz de darle un abrazo a Jake con normalidad.

Subir a la habitación fue más difícil de lo que en un principio te puedes llegar a plantear y es que no cuentas con el peso muerto de de tu hermano borracho o semiinconsciente, por supuesto la ayuda de Josh fue más que necesaria, aún así llegamos a nuestra habitación antes de la media noche del día siguiente, pero después del amanecer del día presente.

Al entrar decidimos que Jacob dormirá en la cama individual, de hecho, él así lo pide: a pesar de su estado tiene segundos de lucidez bastante nítidos. ¿Estará de acuerdo Josh con compartir cama esta vez?

-Bien, dejémoslo claro: aquí hay una línea.- Dice Josh con cara de concentración pasando su dedo índice por el centro de la cama doble- Se trata de no sobrepasar, por supuesto, dicha línea.


-No te voy a violar, Josh.- digo sin hacerle mucho caso, lanzando mis zapatos lo más lejos posible de mí, siempre me destrozan, los traidores.

-Mira, mejor, duerme en el sofá.


-Duerme tú en el sofá, no te jode.


-No, no me da la gana. Volvamos al plan inicial.- Le interrogo con la mirada.- ¡La línea, Melanie! ¡La línea!


-La línea, la línea, claro.

Me tumbo al fin en mi lado de la cama, el mismo que he ocupado al dormir con Jake. Josh se lo piensa un poco más, pero también acaba acostándose, estoy demasiado cansada como para pensarlo demasiado, pero juraría que estoy cogiendo confianza con Josh. Buenas noches mundo, sueña con Hawaii.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Capítulo 37

En la habitación, Josh se tumba en la cama de matrimonio tras la comida, le miro con desagrado, quizás para él sea una costumbre, pero yo no pienso desaprovechar toda una tarde durmiendo.


-¿Piensas pasarte toda la tarde tumbado en la cama?

-No…- se pone las manos tras la cabeza- pienso pasarme toda la tarde tumbado en VUESTRA cama.


-Qué planzazo… y yo te hacía divertido…

Consigo provocarle, se levanta y me mira un tanto picado.

-Vale… quieres diversión…- parece concentrarse y comienza a pensar en voz alta- Si fueras un tío te llevaría a un puticlub, pero a las chicas os gustan las cosas bonitas y eso ¿no?

Me encojo de hombros, me da miedo asentir, no sé qué entiende él por “cosas bonitas”. Lo toma por un sí y sale de la habitación, le sigo con un poco de miedo.

Llegamos a la recepción, mira con disimulo a los empleados del hotel que se encuentran tras el mostrador y se sienta en una de las butacas, hago ademán de sentarme a su lado pero me frena bruscamente y señala a la salida. Le interrogo con la mirada, pero Josh ya no me mira, ha concentrado todo su ser a un periódico de ayer y sigue señalando la salida con la cabeza, obedezco, no intento comprenderle, pues entender la teoría del Big Bang explicada por un chimpancé me resultaría más sencillo.

Tras diez minutos me siento en las interminables escaleras que conducen a la entrada del hotel. La gente que entra o sale me mira con cara de desaprobación, como si no me estuviera permitido profanar esas escaleras con mi trasero. Les ignoro, aunque me gustaría poder devolverles la mirada de asco, deberían aprender a hacer conmigo lo que hacen cuando se encuentran con un mendigo en la calle: ignorar.

Suena mi Iphone, es Josh, le maldigo en voz baja antes de saludarle.

-Tienes que ayudarme.- Con esa frase recuerdo la vez que me prometí no volver a ayudarle a riesgo de acabar yo en la cárcel.

-¿A hacer algo ilegal?- Intento cerciorarme.

-El soborno no es ilegal si aceptan.- Cerciorado me he.

-¿Qué quieres?


-Asómate a la entrada- así lo hago- ¿ves a los recepcionistas?- Un chico y una chica de uniforme, los mismo que estaban tras el mostrador cuando bajamos.- Bien, tienes que distraer a la chica.


-¿Por qué a ella?


-Mírala, está demasiado segura de sí misma, no sería fácil que aceptara, además es una histérica-paranoica, si me acercara solo para pedirle una chuchería acabaría en la cárcel acusado de violación.

Me río con la metáfora.

-De acuerdo, ¿y tú qué harás?


-Lo intentaré con el chico, le ha costado conseguir este empleo, no creo que se la juegue por un crío pero puedo intentarlo.


-Como me acusen de cómplice por tu culpa…- Tarde, me ha colgado, le veo levantarse a través del cristal, entro.

Me dirijo con inseguridad hacia la chica, de nombre Evelyn según su tarjeta de identificación, pero antes, y con el fin de sentirme más segura, saco mi tarjeta de crédito y jugueteo con ella hasta que Evelyn me atiende. Mientras, por el rabillo del ojo veo a Joseph hablar con el chico.

-Buenos días ¿en qué puedo ayudarte?


-Buenos días… esto… Evelyn… Me gustaría saber si te queda alguna suite libre.- Me mira con disgusto hasta que se percata de la tarjeta en mis manos, entonces me dedica una educada sonrisa y se apresura a consultar el ordenador.

-En este momento quedan dos.

Joseph ya no sigue hablando con el recepcionista.

-¿Y alguna es mejor que la otra?- Evelyn mira confusa la pantalla del ordenador.

-Pues… la 16 tiene más metros cuadrados pero la 17 tiene vistas al mar.

Hace dos minutos que Josh ha salido, creo que es suficiente.

-¿Sabe qué? Mejor déjelo, muchas gracias por su ayuda.

Me dirijo a la salida sin darle tiempo a Evelyn para replicar. Josh me espera fuera, algo alejado. Me explica que no fue necesario domarlo, le dijo lo que quería saber sin ningún tipo de soborno.

-Ha llamado a la empresa de alquiler de coches del hotel, les ha explicado que el coche es para una chica mayor de 16 años.- Empiezo a comprender, en la mayoría de los estados, la edad mínima para conducir son los 16, aunque cobran un suplemento por ser menor de 18.- Así que… bueno… ¡bienvenida a tu nueva identidad Margaret!


-¡¿Qué?! ¿De verdad es necesario todo esto?- No entiendo porque tengo que fingir que tengo la licencia para conducir cuando no es así.

-No… pero es divertido.


-¡Joseph Armstrong!- me mira divertido, retándome a empezar una pelea. Es superior a mí, me siento vencida antes de empezar.- Háztelo mirar, en serio.

Él se limita a reírse. Al cabo de un cuarto de hora aparee nuestro coche: un Mini Cooper, estoy a punto de saltar de alegría, digo más, de abrazar a Joseph.

-¿Cómo sabías que me encantan los Minis?


-¿Eh? No lo sabía- se dirige al coche- me gustan a mí.- Y abre la puerta del conductor.

-Josh… pensaba que conduciría yo.- Comento entrando en el borde de una depresión.

-¿Tú? ¿Acaso sabes conducir?


-Pues claro.- Contesto con la mayor convicción posible, en realidad no sé, pero con un Mini Cooper aprendo hasta a hacerlo volar.

-Pues bien por ti, sube- señala el asiento de copiloto.

-Ni hablar. Déjame conducir.

Como única respuesta, Joseph abre la puerta de copiloto, ni si quiera me mira, es como si supiera que voy a acabar cediendo, como si el hecho de creer que es tan fantástico y tan superior a cualquier ser humano fuera a hacer que yo también lo pensara, es cierto que envidio su seguridad, pero nada más. Finalmente subo en el asiento de copiloto.

-Josh- decido interrumpir el silencio que llevaba acompañándonos desde la salida del hotel.- ¿Has pensado en dedicarte a la psicología?

Me mira confuso. Me ha impresionado el trabajo que ha hecho con los recepcionistas, los ha entendido con solo mirarlos, Josh tiene cualidades increíbles.

-¿Tienes algún problema que quieras contarme?


-No, lo decía porque…


-Menos mal, tampoco quería escucharte.- Dice muy secamente.

-Eres un borde, ¿sabes?- Comienza a reírse.

-Es broma, Mel. Siempre estás a la defensiva… Respecto a tu pregunta, sí lo he pensado, pero no creo que lo haga.- Traga saliva- no quiero seguir estudiando.


-¿Y eso?


-No se lo digas a papá ni a ma… Adrienne.


-Tranquilo.- Me estoy acostumbrando a guardar secretos entre la familia.- Pero si no sigues estudiando ¿qué harás?

-Me ganaré la vida con la herencia de papá- hago una mueca de desaprobación que vuelve a provocar su risa.- En serio Mel, le quitas la gracia a todas mis bromas. Qué desperdicio de persona…


-Es que no te entiendo, Josh- contesto ofendida- estás hablando de algo como tu futuro y te lo tomas a chiste.


-¿Y tú, Mel?- su sonrisa se suaviza a una expresión muy seria- ¿qué será de tu futuro?- No entiendo a dónde quiere ir a parar, pero por su expresión, deduzco que lo que viene a continuación no me va a gustar, fruto de su sinceridad.- Cuando acabes tu carrera y tengas que volver a España ¿qué pasará entonces? ¿Qué le dirás a Zack, que ha sido tu ligue de vacaciones? Unas vacaciones muy largas ¿no?

No, desde luego, no me ha gustado nada. Jamás había pensado en el final de mi estancia en América, no me gusta mirar hacia el futuro, vivo el hoy, por eso, según Zack, tiendo a llegar tarde a los sitios. Zack… ¿qué le diré entonces? Josh me saca de mis preocupaciones.

-¿Ves? Por eso es mejor tomárselo a chiste.


-No quiero pensar en mi futuro, no ahora.


-Pues no pienses, Mel. Disfruta de esto.

Aparca el coche.