lunes, 28 de junio de 2010

Capítulo 17

Me despierta una alegre melodía en mitad de la noche, rectifico, la consideraría alegre si no fuera el motivo que me hace abandonar mi estado Rem, tengo ganas de estampar el maldito Iphone pero, ya que lo he cogido, lanzo una mirada soñolienta a la pantalla: Jacob. ¿Cómo puede estar llamándome a las 3:17 a.m cuando solo nos separan 6 escasos metros? Más le vale estar muriéndose o yo le daré motivos para llamar a Urgencias a esas horas…


-¡¿Qué?!- Pregunto aceptando la llamada, pero no tardo en arrepentirme: una fuerte melodía se oye de fondo, acompañada de gritos, me separo del aparato que, primero me despierta y luego me tortura, le empiezo a coger asco.- ¿Jake?


-Melanie, soy Joseph.


-¿Qué haces tú con el móvil de tu hermano?

-Eso no viene al caso, escúchame, Melanie, las cosas se están poniendo feas, ha venido la poli y…- (parte ininteligible).

-Joseph, ¿dónde estás?- No responde o no consigo oírle.

-En el baño- noto la angustia en su voz y, a pesar del ruido, creo que hasta puedo oír sus lágrimas- ¡dios mío, dónde me he metido!

-Vale, tranquilo, Joseph, no te pongas nervioso… ¡No te pongas nervioso!- Estoy histérica, en menudo lío nos acabamos de meter ambos, no pienso echarle una mano nunca más o la próxima vez que intente ayudarle con un problema acabaré en Guantánamo.

-¿Qué hago, Melanie?

Pienso rápido y estúpidamente.

-Vale, a ver, si te escondes en el baño pensarán que tienes parte de culpa. Provócate el vómito, así expulsarás el alcohol y si te preguntan diles que te han drogado.


-Dios, Melanie no estamos para tus trucos de película europea.

Europea, dice…

-Tienes razón, vale…- la música deja de sonar, alguien la ha parado.

-Joder, joder…


-¿Dónde están los polis?


-En el salón, creo y por todas las habitaciones pero al baño del tercer piso no han llegado aún… ¿qué hago, qué hago?

-Tranquilizarte, joder, me estoy poniendo nerviosa. ¿Crees que puedes llegar hasta la salida, hasta dónde te ha dejado Zack esta noche?


-No lo sé…


-Pues tienes que llegar allí. Te mandaré un taxi ¿de acuerdo?


-Vale.


-Sal echando leches de ahí ya, como te pillen estaremos jodidos los dos…


-De acuerdo, luego te veo.

Cuelgo y entro en la aplicación de internet del Iphone para buscar el número de los taxis, le indico la dirección a la operadora y luego salgo de mi habitación lentamente. Me siento en el portal a esperar a Joseph, con la alegre compañía del cantar de los grillos y una manta que me abraza acompañándome en la noche.

Por fin oigo la puerta, Joseph me recibe con una cara de alivio al verme en el portal. Está pálido, realmente lo ha pasado mal.

-Muchísimas gracias, Melanie, de verdad.

-De nada.- Le lanzo mi manta y se envuelve en ella.- Pero el móvil de Jacob se lo devuelves y págale lo que le hayas gastado de la factura.

Asiente y entramos juntos de nuevo en el paraíso que es la protección del calor del hogar.

A la mañana siguiente, descubro que Jacob ha recuperado su móvil, pero no solo eso. Mientras desayunábamos Adrienne, Joseph y yo apareció sonriente en la cocina.

-Mamá, ya soy mayor para que me vayas dejando regalos en la almohada.- Comunica mostrando un billete de 50$ a todos, Joseph ha sido un poco excesivo en las facturas ajenas.

-Yo no te he dejado nada, cariño.

Jacob mira a su hermano que sigue con su desayuno, intenta tomarse el tazón de cereales pero, con la cara que tiene, parece que le estén obligando a comer una taza de excrementos, se nota que lo de anoche no ha terminado de provocar los efectos secundarios… mi idea de expulsar el alcohol provocándose el vómito no parece tan estúpida ahora. Jacob me mira pero me encojo de hombros.

-Es lo que te debe Joseph.- El hermano mayor me mira cansado.

-¿Me lo debe?


-Sí… Te paga por ser su hermano, porque lo aguantes y tal…

Ambos se ríen y Jacob exclama que, en ese caso le parece poco.

-Eso explica- dice Joseph dirigiéndose a mí- que tu factura haya engordado tanto últimamente.

-¡Perdona! Yo pagaría por tener a Melanie de hermana toda la vida, si de verdad le estás exigiendo que te pague, ¡sal de mi casa ahora mismo!

Todos reímos, pero Joseph está tan podrido por dentro debido a la juerga de anoche que pota encima de la mesa, me aparto pero mi camiseta ya ha sido repateada por el fluido. Es realmente asqueroso y me voy corriendo a cambiarme de ropa perseguida por el olor a podredumbre.

Al terminar, el Iphone reclama mi atención, pero esta vez no me molesta, no solo por la hora sino por el llamante...

miércoles, 16 de junio de 2010

Capítulo 16

Odio que me interrumpan cuando estoy hablando por internet, me desconcentro y pierdo el hilo, por eso la mayoría de veces ni me entero de lo que me dicen. Cuando oigo de nuevo el sonido de la puerta intento fingir que estoy dormida pero el sonido de las teclas me delata y el desconocido abre la puerta. Termino de leer el último mensaje instantáneo y giro mi silla.


Allí está, perfecto como siempre, Zack. Me saluda deslumbrante.

-¿Cómo has entrado? ¿Cómo has conseguido burlar mi sistema de la más alta seguridad?

-¿Te refieres a ese perro que tiene caseta pero no existe?-Me da un beso y se sienta todavía riéndose con la broma.- Tuve suerte y me abrió Adrienne esta vez.

-Hablando de Joseph, recuérdame que luego te cuente una cosa.- Comienzo a despedirme de mi amiga, explicándole quien ha venido a visitarme. Zack se aburre y se levanta a inspeccionar mi habitación para terminar arrodillado enfrente de la pantalla de mi Apple, no entiende nada (o no demasiado) pero ve su nombre escrito varias veces. Gira mi portátil hacia él.

-Hey Melanie’s friend. Here’s Zack. =)


-Zack? Really?


-Yep!


-What are you doing there?


-I came to have a siesta with Melanie.


-Haha she’s so lucky.


-I think you are too… you must know unknown things about her.


-Yeah I do! I sell them to you just for 1000$


-Mmm you’re not a good friend!


-Hahaha I know xD I won’t tell you anything, except if you give me your friend Jack.


-Ohh! That’s ok! Such a great deal! Nice to meet you! =)


-Nice to meet you Zack.


-Byeee Melanie’s friend.

Apago el ordenador y le miro. Le pregunto si va en serio lo de la siesta.

-Claro que sí.

-Antes de que cambies el mundo real por el onírico tengo que pedirte un favor.


-Dime.


-¿Haces algo esta noche?


-Depende de cuál sea el plan alternativo.

Le narro todo el problema de Joseph y mientras me percato de los cambios de expresiones que atraviesan el rostro de Zack hasta acabar en una de profundo rechazo.

-No.- Responde cortante.

-¿Por qué no?

-¡¿Por qué sí?! Melanie ¿ya te has olvidado de lo que pasó? No te entiendo, en serio, no puedo entenderlo.


-Necesito llevarme bien con él, Zack.


-¿Pero dónde te explicaron el término de justicia? ¿En una escuela de ciegos/sordos/mudos?


-En todos los sitios se explica de la misma manera…

-Te está utilizando, Melanie ¿no lo ves? Si sale contigo tu padre no le regañará porque sabe que es señal de que empezáis a entenderos.


-Y quizá lo consiga.

Zack está enfadado, es la primera vez que lo veo así. Le entiendo pero espero un poco de entendimiento por su parte también, por el momento no tengo miedo de que Joseph nos oiga (ha salido con Adrienne) pero sí lo hará Jacob que está en la habitación de al lado. Zack susurra cada vez que intenta levantar el tono de su voz más de lo indicado aunque esto no supondrá ningún avance.

-Mira, lo voy a llevar porque, que estés bien con él me garantiza que no hayan más peleas en esta casa, pero no quiero que sirva como precedente.

-Gracias Zack.


-No me las des. ¡Porque no pienso recogerlo!


-Tranquilo, volverá de madrugada con el padre de algún amigo.

Zack se calma, suspira y mira por la ventana, creo que le he quitado las ganas de dormir. Pero puestos a amargar la tarde, ahora le toca a él.

-Empiezo gira la semana que viene.

Por unos instantes me olvido de respirar, pero poco a poco recuerdo las instrucciones de nuevo. Sé que supone su ida: seis meses eternos. En cualquier caso, comprendo que es su trabajo, lo comprendí desde muy pequeña con mi padre, aprenderé a hacerlo con él. Aprenderé a no quedarme en estado de shock cada vez que me lo diga y aprenderé a aceptar que el sacrificio no es solo mío. Lo aprenderé, pero esta es la primera vez.

-¿Te encuentras bien?


-¿Tú qué crees?

-No quería decírtelo pero ¿qué iba a hacer? ¿Desaparecer de repente? Ya sabías que me iba…- su tono se ha calmado, ahora susurra con suavidad, sin ese tono severo que había empleado antes.

-Pero no cuando…


-El sábado que viene.

Mi cerebro comienza a recibir información de nuevo después de mi corta estancia en coma. Se va el mismo sábado que yo tengo que hacer mi examen de acceso.

-Tendremos que aprovechar esta última semana, entonces.


-¿Eso quiere decir que se acabaron las siestas?


-¡Claro que no!- Exclamo tirándome en plancha a mi cama.

Por la noche quedo con Zack en vernos en su casa, salgo con Joseph a escondidas por la puerta de la cocina. Él se encuentra apoyado en la puerta de su coche, con los brazos cruzados y con expresión de enfado. Todos entramos en el vehículo, introduciéndonos en una atmósfera de tensión y odio que ni el alegre olor del Ambi Pur puede disimular.

-¿A dónde vamos?

Joseph le comunica la dirección y Zack se pone en marcha, es una situación muy violenta, a pesar de lo natural que pueda parecer. No dejo de mirar el reloj, me gustaría preguntar cuánto se tarda hasta esa calle, pero me asustaría desencadenar una violenta discusión, Zack conduce muy concentrado, aprieta demasiado el volante y no ha puesto música, algo que siempre hace. Todo va mal en estos momentos, Joseph traga saliva, Zack se muerde el labio inferior y yo no encuentro la posición perfecta de mi ventanilla.

Llegamos por fin, Joseph se baja aliviado y antes da las gracias a Zack, quien no contesta y lo hago yo por él. De la casa sale música house a un volumen excesivo y, no solo la contaminación acústica brilla en la fiesta, también la lumínica: todas las luces están encendidas y de la piscina salen haces luminosos de colores.

-Qué precoces, los niños americanos.- Comento.

-Aquí las cosas son así, a los 7 años te regalan tu primer pistola, a los 8 das tu primer beso, a los 10 sufres la primera borrachera y a los 14 pierdes la virginidad. Joseph es así: un americano completo.

Podría seguir la conversación por ese cauce: podría preguntarle cuándo piensa perdonar a Joseph pero me respondería que no lo perdonará ni aunque salve a su propia madre de morir trágicamente; así que sigo por otra parte que, como a cualquier adolescente, me ha llamado la atención.

-¿A los catorce?


-Ajá.


-¿Puedo suponer que te incluyes en el grupo?

-No.- Asiento.- Yo soy del grupo de los de 16.

-¿Y cómo fue?- No sé si estoy entrando en un tema que no quiera tratar, de hecho, las primeras veces suelen querer olvidarse lo antes posible.

-Mmm… Borrosa… y con sabor a alcohol.


-De las peores…


-Ya te digo.

viernes, 4 de junio de 2010

Capítulo 15

Ha oscurecido, mantengo la luz de mi habitación apagada, estoy sentada en la ventana con un libro electrónico de Joseph en mi regazo (sí, de Joseph, lo encontré en el salón y lo cogí, aún espero que no lo eche de menos o daremos comienzo a la Tercera Guerra Mundial) apenas he leído tres hojas cuando Jacob llama a mi puerta, me extraña que lo haga… quiere hablar de algo.


Dejo el libro en mi escritorio y le invito a sentarse en mi cama.

-Llegas un poco tarde para alternativo plan, yo ya he cenado.

-No quería hablar de alternativo plan.- Sonríe, pero es una sonrisa cargada de pesar y agonía, una sonrisa que conozco bien por haberla dibujado en mi rostro tiempo atrás. No me siento a su lado, acerco mi silla del escritorio hasta situarme enfrente de él.

-¿Qué pasa, Jake?


-Quería contárselo a alguien, pero no sabía cómo. Sobre lo de la otra tarde…

Ya no me quedan dudas, él traga saliva, parece que le cuesta decirlo, no aparto mi vista de él aunque él lo haya hecho.

-Soy gay...

Cierra los ojos y una lágrima cristalina cae por su infantil rostro, me cambio de sitio y me siento a su lado, abrazándolo.

-Pero, Jake, no llores, no tienes motivos para llorar… Ni que fuera algo malo.

Él se separa de mí.

-No lloro por eso… no sé cómo decírselo a los demás, me cuesta la vida ¿cómo puede ser eso, Mel? Son mi familia…


-Lo sé Jake, pero puedo entenderlo: tu hermano es, con perdón, un antisocial por completo. Adrienne es tu madre y te cuesta porque tienes miedo a su reacción y esto, es por culpa de la sociedad Americana. Y a papá…, a él sí que no puedo entender por qué no se lo has dicho.


-Apenas está en casa y tengo miedo de lo que pueda decir ¿qué supondrá para su reputación?


-¿Bromeas? Jacob, a papá no le importará.

Me levanto y comienzo una búsqueda por las carpetas de mi ordenador: he almacenado durante años las entrevistas de Billie, por fin encuentro la frase que buscaba.

-Mira lo que dijo Billie en una entrevista.

“Creo que siempre he sido bisexual. Quiero decir, es algo en lo que siempre he estado interesado. Pienso que todo el mundo nace siendo bisexual, y es algo que nuestros padres y la sociedad nos meten en la cabeza que es malo. Dicen que es tabú. Yo creo que es algo muy bonito.”

Jacob lo lee y sonríe.

-Papá estará orgulloso de haberte criado sin ese tabú.- Le limpio la lágrima con mi pulgar.

-De todos modos, no estoy preparado para decírselo a nadie más.


-Tranquilo, por mí no te preocupes.

Creo sinceramente que hoy ha sido el mejor día de mi vida ¿o queda alguna sorpresa más? No sé qué pensar, Zack es… no estoy muy segura de lo que es Zack aparte de supra humano pero sé que compartimos algo que nunca pensé que llegaría a compartir con él. ¿Y qué decir de Jacob? Tampoco pensé que compartiría con él algo como eso, pero me alegro de que me lo haya contado, a partir de ahora pueden pasar muchas cosas entre nosotros pero sé que hermanos como nosotros hay pocos.

Me despierto en un sábado de película, ni siquiera recuerdo que queda apenas una semana para mi examen de admisión y es que, no solo mi mañana está iluminada por el sol, tengo a mi alrededor a los dos mejores hombres de mi vida: a Jacob lo oigo en su habitación reírse con un capítulo de Glee y casi puedo escuchar los pasos de los pies desnudos de Zack por su casa buscando alguno de sus armarios.

Desgraciadamente, no es ninguno de estos dos regalos celestiales el que toca a mi puerta. Joseph se asoma tímidamente. Es la primera vez que pisa mi habitación, pronto caigo en que el libro sigue en mi escritorio… bien, bien… Pero él no se pispa, me mira avergonzado desde su posición. Me cuesta verle tan taimado, normalmente muestra señas de superioridad conmigo, creo que me va a pedir dinero o se avergüenza de ver a una desconocida en pijama de Hello Kitty.

-Melanie, necesito un favor.


-Y yo un yate.- Me siento en mi cama, no quiero darle tantas facilidades conmigo, se pasó en su día y ahora no lo va a tener fácil. Acepto que quiero tener una buena relación con él pero no paso por el hecho de que, a base de este deseo, se sienta con algún derecho sobre mí.

-Por favor, Melanie… escúchame.


-Te escucho, Jospeh.


-Hay una fiesta esta noche y necesito ir como sea…


-Pero estás castigado.- Adivino.

-Esa no es la cuestión… lo que pasa es que Samy sabe que estoy castigado así que no me puede llevar.


-¿Y quieres que te lleve yo?- Pregunto riéndome, ¿qué edad se piensa que tengo?

-No… tú no pero…


-¿Zack?

Su silencio es más claro que el agua, evidentemente quiere que Zack utilice su coche para ayudarle a cometer un delito contra la autoridad paternal… No me atrevo a decirle que no, es más, quiero ayudarle. Espero que con esto pueda acercarme a él un poco más. Aunque la decisión no es del todo mía…

-Hablaré con Zack ¿ok?


-Gracias, siento que tengas que hacer esto.


-Yo siento que tengas que pedírmelo.

Abandona mi habitación con una sonrisa. Va siendo hora de levantarse, ya oigo los fuegos en la cocina y el crepitar de los alimentos: à manger s’a dit.

Tras la comida encuentro a Airin conectada, la saludo y, antes de contarle nada ya me ha enviado cincuenta preguntas que abarrotan la pantalla, hacía tiempo que no hablaba con ella, leer mi idioma materno casi me resulta exótico. Comienzan las explicaciones…

domingo, 30 de mayo de 2010

Capítulo 14

Echamos a andar con dirección a la playa, tengo muy claro lo que busco y tengo claro dónde está, de lo que no estoy segura es de si la tarjeta de crédito que llevo en el bolsillo será suficiente para pagarlo. Una vez allí, me dirijo alegremente a un restaurante de estos que enseñan en los programas de españoles que se han mudado a otras zonas del mundo y con razón, en vistas del panorama…


Se trata de una pequeña sala, un simple hall donde el maître nos indica la dirección al verdadero restaurante: tras subir la cantidad de escalones equivalentes al Empire State, alcanzamos una azotea con vistas a toda la playa en la que unos biombos hawaianos separan a unos clientes de otros, el hombre nos acompaña hasta nuestra zona, cuenta con una mesa redonda de la altura de un pequinés y dos hamacas de mimbre con cojines que parecen de algodón de azúcar.

El camarero no tarda en traernos la carta, Zack siguiendo la tradición de sus colonizadores ingleses, se pide un té con hielo, yo siguiendo con la tradición española de probar cosas nuevas, me pido un batido cuya presentación en el menú es maravillosa: se trata de una piña vaciada por dentro y rellenada con alguna bebida refrescante, tiene buena pinta…

-Me gusta este lugar…


-Me alegro. El plan es dormir la siesta.

Me tumbo y noto una mirada asesina de Zack.

-¿Dormir? Será una broma…


-No, no es ninguna broma. En España dormimos después de comer.


-Pero no estamos en España y ya hace media hora que has comido.


-¿Y qué hacéis vosotros después de comer, maldito americano?

Nuestra conversación se ve interrumpida por la llegada del camarero, que coloca las bebidas y extiende una bandeja con la cuenta, pongo mi tarjeta y desaparece.

He acertado con la bebida, no distingo el sabor, es alcohólica pero está deliciosa y el detalle de encontrarse en una piña era absolutamente tentador. Me coloco el recipiente tropical en el regazo y cierro los ojos. La brisa me mece y el sonido de las olas estallando en la orilla me acaricia produciéndome una sensación placentera y, por supuesto, el hecho de que Zack esté tumbado en su hamaca ayuda a todo esto… ¿tumbado? Abro mis ojos y le miro disimuladamente… sí, está tumbado boca arriba con el vaso entre sus manos, sobre el pecho.

Vuelvo a lanzarme a los brazos de Morfeo pero no por mucho tiempo:

-Mmmm… ¿Melanie?


-¿Queeeé?


-No puedo dormir, estas no son horas…

Suspiro y me incorporo, él me imita, como si, al hacerlo yo, le hubiera dado permiso a él para hacerlo. Somos tan diferentes… él casi me mata esta mañana intentando introducirme en su mundo y yo casi lo mato de aburrimiento por lo mismo.

-Quizá no haya sido buena idea.

-¡No! Si la idea me encanta, el sitio, el tiempo, la compañía…- Le sonrío.- Pero no voy a dormir.

-Vale pues cuéntame cosas tuyas, entonces.


-No hay mucho que contar y lo que se puede contar está en wikipedia.


-¿Qué hay de lo in-contable?


-Suponiendo que te lo contara ¿qué te gustaría saber?

No tengo que pensarlo demasiado, sabía que se lo preguntaría cuando tuviera la mínima oportunidad.

-¿Qué locuras has cometido por amor?

Baja la cabeza sonriendo, como si se lo estuviese esperando.

-Solo una…- me retira la mirada y fija su vista en un punto más allá del mundo físico, intentado recordar- Me recorrí el país entero conduciendo, de mi casa hasta Nueva York, necesité dos días y apenas dormí por la noche.


-¿Funcionó?

Vuelve a posar sus ojos en mí y sonríe.

-Funcionó.

Dejo que el silencio nos empape por un momento, necesito centrarme, no sé muy bien como tomarme esa información. Por una parte, parece que está feliz con esa persona, por otra, wikipedia dice que está libre.

-Lo mejor fue el día que llegué, tocábamos por la noche en Los Ángeles y no me quedaba dinero ni gasolina para volver. Llamé desesperado a la organización, me tuvieron que pagar un vuelo exprés y luego me cayó una bronca impresionante…

Me rio con cada gesto, mueve mucho los brazos y apenas los labios, lo que hace que cada vez valore más el lenguaje de signos con él.

-¿Y tú?


-Pues yo no me he cruzado el país entero hasta la costa este en un par de días…


-¿Ninguna locura?


-Nada.


-¿Por qué dejaste España, entonces?


-Ya empezamos…


-¿No quieres contármelo?


-No es eso…-yo sola me delato, voz de excusa típica.


-Vale.

Le molesta y no intenta disimularlo, está claro que no le parece bien que, tras haber compartido una de sus experiencias conmigo yo no haga lo mismo, pero nadie dijo que esto era un intercambio.

-¿Qué es lo que más echas de menos?


-A mis amigos y a mi familia, algunas costumbres… No sé, soy muy privilegiada teniendo lo que tengo.


-Lo somos.

Zack se ha terminado su té y deposita el vaso helado en la mesa, se sitúa en la postura más cercana a mí, sentado con la mirada hacia mi presencia y entrelaza las manos.

-¿Amigos y familia?


-Eso he dicho.


-¿Nada más?


-¿Qué más quieres que me deje, Zack?

Él no responde y yo no le entiendo, pero la pregunta que iba a salir disparada cual fuego artificial por mis labios queda anulada con el regreso del camarero, “maldito sea el servicio snob”. Al terminar de guardar la tarjeta ya he olvidado por dónde iba nuestra conversación.

-¿Cuándo te irás?- me pregunta.

-Cuando tú me eches.- Bromeo, sé que quiere saber cuándo dejaré California para volver a enfrentarme a mi verdadera vida, pero por el momento no veo otra vida lejos de él, tampoco lo deseo. No sonríe con mi broma, me mira seriamente.- No lo sé…


-A todo lo que te pregunto o no lo sabes o no lo quieres saber, Melanie. No creo que una relación funcione así, no sé en España pero aquí nos gusta confiar en los amigos.

Le retiro la mirada, trago saliva y empieza la coctelera estomacal… Sé que tiene razón pero es Zack, no puedo verlo como a un amigo más ¿se lo digo? No, sí… ¿quizás? Maldita sea, se lo digo. Bebo un largo sorbo de mi bebida (aún tengo la ligera esperanza de que el alcohol termine el trabajo que yo no me atrevo a hacer) suena el ruidito de la pajita intentando aspirar en vano, se me acabó el tiempo, me toca.

-Es que… yo…- suspiro, va, de carrerilla Melanie- yo no te veo como a un amigo.

Él abre mucho los ojos, me mira pero no aguanto mucho la mirada. Se levanta ¿qué he hecho? Me he quedado sin nada, adiós al motivo que, en su día, me hizo no quemar la bandera. Pero Zack no se va, su reacción es la que menos me podría esperar.

El chico ocupa mi hamaca lentamente, se tumba a mi lado, empujándome a la esquina, de hecho, casi me caigo, no conseguía encontrar la neurona cerebral que me ayudase a conectar aparato locomotor con sistema nervioso, soy un simple muñeco manejado por el propio Zack Merrick. Él me pasa un brazo por detrás, de manera que quedo recostada sobre su hombro, me besa el pelo y, al contrario que la Bella Durmiente, me sumerjo en un profundo sueño.

Puedo decir que resulta la mejor siesta de mi vida, la única en la que sueño y realidad no quedan separadas por el despertar. Cuando despierto descubro que él también se ha dormido, creo que ya puedo morir, después de haber visto esa imagen podrían asesinarme y moriría feliz. Le acaricio la mejilla deteniéndome en cada poro, en cada célula. Parpadea hasta abrir los ojos por completo. Me mira y frunce el ceño.

-Maldita sea, me has convencido…


-A partir de ahora siesta todos los días.


-Si invitas tú, me apunto.

Son las nueve de la noche y el sol nos abandona, también la playa se ve despreciada por surfistas y bañistas lentamente. Zack me propone volver, pero me niego a levantarme, escondo mi cara más en su hombro: ocultándome de su propuesta en su olor a canela. No duro mucho, él se separa y me quedo sola.

-Vale, vamos a dormir, bebé…-le digo con reproche.

Para romper con el tópico, soy yo la que le acompaña a casa y, vale la pregunta de siempre… sí, hay beso, pero, para ser el primero me sabe a poco: nuestros labios se juntan por un instante pero, no puedo recrearme: un grupo de jóvenes nos interrumpen escandalosamente, juro que no me apetece otra cosa más en ese momento que prenderle fuego a sus casas una por una, miento, hay algo que me apetece más pero ya está entrando en casa y, de hecho, mi aparato locomotor va independientemente de resto del cuerpo y me está llevando de vuelta a mi habitación.

sábado, 22 de mayo de 2010

Capítulo 13

Llego a casa justo a la hora de comer, el servicio está preparando la mesa en el jardín trasero, genial, me apetece una comida casera en aquel paraíso, pero estoy magullada, tengo agujetas hasta en las pestañas y los hematomas serían dignos de libro guiness de los records.


Me asomo por la puerta de la habitación de Jacob, se asusta de mi aspecto, pero no esperaba menos, parezco un lisiado de guerra: mis ropas están completamente arrugadas y mi postura no indica jovialidad precisamente. Jacob acude corriendo hasta mí con cara de preocupación.

-¡Melanie! ¿Qué has hecho?


-Jacob…


-¿No habrá sido Zack?


-¡¡Síiiiii!!¡¡Es culpa suya!! ¿Tienes pomada?

Él sonríe creo que ha descubierto que la culpa fue mía y solo mía… Jacob tira suavemente de mí por la muñeca y me arrastra hasta el baño donde me tiende un pequeño tubito con olor, no tengo muy claro con que identificar el olor pero desde luego, a algo que coloca. Recorro con mi mirada cada nuevo moratón de mi cuerpo, cada tatuaje, cada recuerdo vivido esa mañana…

Tengo uno bastante grande en la rodilla: Zack considera emocionante el skate y me arrastró a su patio dónde tiene un pequeño paraíso skater, caprichito de “divos”. Pues bien, empujada por su entusiasmo lo probé… Nada más que decir: mi rodilla da a entender suficiente, la acaricio con cuidado untándole el potingue de Jacob, está helado y, a parte, cada caricia es como un puñetazo. Ahora toca el codo, he de decir que este va a juego con el de la barbilla: fueron fecundados a la vez. Me llevó a la playa para conocer a sus amigos, todo normal, pero mientras él hablaba con ellos, se me ocurrió probar su tabla nueva… No lo recomendaré nunca más a no ser que me paguen con la moneda más cara e internacional del mundo, mi instinto me empujó a arrastrar la tabla hasta el agua y luego intentar colocarme de pie en ella: caída instantánea, barbilla y codo derecho chocaron con la dura superficie de la tabla y aún viene Zack riéndose hacia mí: “¿A quién se le ocurre subirse a la tabla en 30cm de agua?” Bien por mí, encima sus amigos no dejaban de reírse, pero no me importa, de toda la mañana solo me quedo con un momento mágico: entramos juntos a un bar para tomar algo y a él se le cayó la cartera del bañador, que oportuno el diminuto objeto, ambos nos agachamos a cogerlo con tanto ímpetu que el impacto de nuestras cabezas fue mítico, a él, al parecer, no le ha dolido demasiado, porque se ha levantado en seguida riendo a carcajadas, pero a mí me ha dolido hasta tal punto que mis lágrimas casi recomponen el Amazonas. Él me ha sorprendido sujetándome el rostro entre sus manos y posándome un beso en el lugar donde me había atacado con su cabeza mientras exclamaba: “Oh! Little girl!”

Me miro en el espejo, en la frente no tengo moratón pero está algo enrojecido por el golpe, de todos modos, no pienso profanar esa zona de mi cara con crema de porreros.

Salgo al jardín, huele a barbacoa y una sensación de alivio me recorre todo el cuerpo, como si me hubiese alimentado con ese simple olor. Tanto Adrienne como Joseph me miran asombrados, les explico que no se preocupen, que he tenido un día duro y emocionante.

La comida resulta agradable, Joseph sigue frío y distante conmigo, pero no tan borde, supongo que eso es un avance. Jacob está animado, tiene una personalidad que le hace estar así, cuando hay buen ambiente a su alrededor él está radiante y espléndido: de buen humor y se nota, nos lo contagia a los demás. La comida resulta un completo éxito debido a la gran noticia que nos da Adrienne a todos: Billie Joe llegará en dos semanas. Eso me anima, por fin volveré a ver a mi padre desde hace mucho tiempo. Aunque nadie sabe cuánto tiempo piensa quedarse, ha sido como una cascada de luz para todos y a mí aún me queda navegar durante el día…

Tras terminar la comida vuelvo a salir, había quedado de nuevo con Zack, nuestro plan inicial era ir a comer a algún restaurante de la playa pero ya que yo no estaba en condiciones de ir a ningún lado, lo habíamos aplazado para después de la comida. Cuando lo encuentro me informa alegremente de que ha conseguido dos entradas para la pista de snowboard artificial de la ciudad.

-Zack, si quieres matarme puedes hacerlo de otras maneras más sutiles.

Me mira preocupado, me derrito al ver su mirada de “siento haberla cagado otra vez”. Le sonrío y le pido elegir plan yo. No se niega. Bien, ha llegado la hora de comenzar a conquistar el mundo a base de instaurar costumbres españolas en USA…

viernes, 14 de mayo de 2010

Capítulo 12

La vuelta a casa fue más rápida que la ida, por un motivo muy simple: no quería llegar, no quería enfrentarme a Joseph de nuevo, pero iba a hacerlo, lo había decidido justo en el momento en el que le había confesado a Zack todo, porque con dos simples palabras le había desvelado mucho y ahora sé que tengo su apoyo.


La puerta del jardín se alza violentamente ante mí, amenazándome mientras me invita a pasar, antes de enfrentarme a su estado vigilante me despido de Zack deleitándome en sus ojos de nuevo. Allá voy…

Su madre me informa de que ha bajado al sótano y allí me dirijo, no tengo muy clara la idea de sótano yanqui, pero estoy segura que aquel no era la definición más certera: un pequeño gimnasio ilumina aquel espacio que, estoy segura, comparte techo con el suelo del salón y parte del despacho… Hay algo más en aquella mini-ciudad subterránea: oigo el sonido de una guitarra eléctrica, Joseph, imagino.

Espero con tranquilidad a que termine, nado entre su música: son notas violentas, con furia, me dejo envolver por una melodía que escupe notas contra las paredes insonorizadas con ira contenida. Termina, me dispongo a entrar cuando vuelve a empezar, ya he abierto la puerta, no me voy a volver atrás. Al verme, no me mira con furia, ni asco, ni desconfianza ni ningún sentimiento “del lado oscuro”, simplemente me mira.

-Me dijo mi madre que vendrías a hablar conmigo cuando volvieras…


-Sí… Ahora que estoy aquí no sé qué decirte. Debería haber preparado algo.


-Yo tenía algo pensado: lo siento.


-No hace falta que mientas.

Una sonrisa de satisfacción se le dibuja en el rostro: he adivinado. Se sienta en un taburete de batería y yo lo imito.

-Solo miento en parte. Siento haber sido tan brusco, pero es la verdad: te odio.

-Puedo entenderlo, te estoy robando a la familia. No es esa mi intención, Joseph, me gustaría poder hacértelo entender pero no sé…

-Melanie- me interrumpe él – no te odio por eso.


-¿Entonces?


-Te odio por no tener razones para odiarte.

No le entiendo, me sorprende su respuesta y mi expresión lo da a entender, él se pasa las manos frotándose el rostro con cansancio.

-Esperaba tener una hermana odiosa: con aspecto de diva y personalidad superior al resto de la humanidad, tan fácil de odiar… Alguien que no ayudara en casa y fuera la repulsa humana de mi madre. Pero me encuentro contigo, no molestas, ayudas en casa, has enamorado a Jacob… no sé, me gustaría tener motivos para odiarte pero no los encuentro…

Puedo entenderlo, en el fondo es como lo que me dijo Jacob: envidia, creo… Asiento para darle a entender que lo he comprendido y dejo a mi vista pasear libremente por la sala insonorizada a través de las diferentes guitarras que decoran las paredes, además de las que acompañan a sus soportes en el suelo. Me fijo en la clásica Gibson Les Paul negra, la cojo con suavidad y la deposito en mi regazo.

-Empieza, yo te sigo.

Así nuestras notas empiezan una cruenta batalla intentando sobreponerse las unas a las otras hasta que finalmente se funden en una única y ruidosa melodía.

Parece extraño despertar de nuevo en mi cama, siempre y cuando la pueda considerar mía… Sé que solo cuando regrese a España tendré contacto con lo que verdaderamente defino como mío.

La casa está silenciosa, no oigo ni siquiera el teclear del teclado de Adrienne. Tampoco ningún ruido me sorprende al abrir mi ventana ¿sigo en un sueño? Me recorro la casa (para lo cual empleo casi diez minutos) pero nada, nadie… Me pregunto si el destino quiere someterme a alguna prueba comprobando si soy capaz de sobrevivir un día en casa yo sola y que la casa también sobreviva, claro. Imposible. Antes de acabar quemando el hogar Armstrong o algo peor, desayuno un ligero zumo, termino con la rutina del baño y salgo a la calle.

¿Es necesario decir mi recorrido? La dirección está clara, mi destino también, mi objetivo ya no tanto… Tras tres intentos llamando al timbre aún no ha contestado. No está, lo sé, pero no me muevo de la puerta, comienzo a tocar el timbre a ritmo de una melodía propia de bocinas de hinchas de partidos de fútbol.

-Lo vas a fundir.- Me sobresalto de manera exagerada al oír a Zack detrás de mí.- Qué pronto te has despertado hoy.

Miro mi reloj, efectivamente, son las nueve de la mañana: con razón no había oído a nadie, Adrienne debe de estar durmiendo aún. Zack respira agitadamente, está completamente sudado, por la hora deduzco que acaba de terminar sus entrenamientos diarios.

-Me aburría en casa.- Miento.

-¿Y tú casa no tiene timbre?- Siempre tan agudo.- Pasa, anda.

-No quiero molestar…


-Demasiado tarde.

Trago saliva, pero al mirarle a la cara compruebo que está sonriendo.

-Voy a la ducha, quédate ahí quietecita- señala el sofá y me lanza el mando a las manos- no me rompas nada, por favor.

Pobrecito, Alex y Jack han debido de darle mucho trabajo… Espero pacientemente a que termine, pongo la Mtv y le aumento el volumen hasta que dejo de oír el sonido de la ducha: es difícil concentrarse sabiendo que Zack se encuentra a medio minuto de ti bajo ese sonido que intenta restregarte que está recorriendo cada parte de su cuerpo, ni Magnum produce una tentación tan grande como aquel sonido.

Baja tranquilamente y una expresión de alivio se asoma cuando me ve justo donde me ha depositado anteriormente. Le sonrío con inocencia.

-Bueno, ¿qué quieres hacer?


-Ayer elegí yo…- digo pasándole el peso de la elección a él.

-Has sido tú la que ha venido a buscarme.


-Jo Zack… No conozco la ciudad no sé qué proponer…


-De acuerdo, entonces prepárate para el día más emocionante de tu vida.


-El día más emocionante de mi vida será cuando Jesse McCartney me pida matrimonio, Zack, no creo que puedas superar eso.

-Déjame intentarlo.- Dice riéndose.

sábado, 8 de mayo de 2010

Capítulo 11

Se me ocurre que podríamos ir a recoger a Jacob del colegio, yo no tengo ni idea de dónde se encuentra el mismo, pero le comunico el nombre al chófer y asiente con gran sabiduría. Y allí acabamos, en un aparcamiento donde el elegante BMV de Zack parece hecho con excrementos de antiguos coches, pura chatarra al lado de la gran cantidad vehículos de diseño que estaban allí: esos sí que son los verdaderos amigos del hombre. Distingo en el lado opuesto a nosotros el elegante vehículo de Samy.


Salgo del resguardo del coche de Zack y su compañía para esperar a mi hermano, no tarda en salir cargado con una bandolera y unas carpetas en los brazos, le saludo con la mano pero no me ve, empiezo a dar saltitos y a llamarle (toda la nobleza allí presente me mira con desprecio) ¿Cómo ha podido acabar alguien como mi padre enviando a sus hijos a un sitio así?

Parece asombrado de verme allí y contento a la vez, le comunicamos a Samy que Jacob no va a ir a casa, espero que eso no suponga una molestia para Adrienne pero, tras una llamada del favorito de sus hijos, todo queda solucionado y nos dirigimos al coche de nuevo.

-Y ahora, Armstrongs, os voy a llevar al restaurante más internacional y prestigioso del mundo.- Nos sorprende Zack al entrar en el coche.

He de ser sincera, cuando me encuentro ante una “M” amarilla gigante pienso que el restaurante no puede quedar mucho más lejos, de hecho, miro alrededor, pero, por el bien del patrimonio de la ciudad no han puesto el restaurante de mis sueños al lado de esta “M”…

-Wooh, me encanta McDonald’s,- suspira Jacob hambriento.

“Será una broma” pienso, pero pongo buena cara por si acaso no lo es… Zack parece disfrutar con mi rostro de incredulidad mal disimulada.

-¿Qué? ¿No te gusta?

Jacob baja del coche y entra en el “restaurante más internacional y prestigioso del mundo”, miro a Zack sin disimular mi opinión.

-¿Te soy sincera o prefieres que celebre tu elección?

-No me tientes, Melanie, no me tientes…- Dice abriendo la puerta del coche.

“No te tiento, Zack, no te tiento” Entro al restaurante y me encuentro a Jacob ya enfrente de la cajera, me cuelo hasta llegar hasta a él, la gente me mira con mala cara, pero no me importa. Sonará cruel pero la mayoría son yanquis obesos con cara de hambre, uno de ellos empieza a gritarme y le miro con aburrimiento, me giro para intentar pasar inadvertida, sin montar mi primer numerito en el país del tío Sam. Jacob sigue pidiendo, el hombre aumenta el tono de su voz y me giro:

-Si puedes sobrevivir a una hambruna mejor que el resto de población, ¡podrás aguantar cinco minutos más!- Le respondo en castellano, de eso que me libro, si no podría haber visitado en breve un hospital americano y, por supuesto, haberle soplado una cantidad considerable a las arcas de mi padre… ¡Dios bendiga la sanidad en The United States!

Zack se apresura desde el final de la fila y me coge por el brazo para sacarme de allí antes de aquello vaya a más, pero Jacob ha terminado su pedido y comienzo yo, carraspeo:

-¡Un Happy Meal, plish!- pongo acento inglés para dejar claro a aquel hombre que estoy por encima de aquello y, que debe entender que en mi país nos colamos descaradamente y no montamos esos numeritos… estoy exagerando, quizás no lo entienda con un simple acento mal puesto, pero el mensaje de desprecio ha quedado medianamente claro.

Por último Zack no tiene más remedio que colarse para pedir él también: él paga. Nos dirigimos con las bandejas a uno de los sofás multicolor y nos sentamos, Jacob y yo juntos, Zack enfrente.

-¿Suele ser así normalmente?- pregunta Zack mirando a Jacob.

-Normalmente es peor.- Le contesta con la boca llena.

-La imagino en el supermercado con una bomba nuclear por si alguien le replica que se ha colado…

Jacob se ríe, atragantándose con la comida.

-Estoy aquí, chicos.

-¿Cuándo piensas volver a casa, Melanie? – me pregunta Jacob sin mirarme, como si quisiera quitarle importancia al tema, pero Zack lo hace al contrario y fija sus ojos en mí.

-Como Zack me estropee la hora de la siesta como esta mañana, muy pronto.


-No, si tendrá queja…


-Pues claro que tengo queja, señor marqués ¿qué forma de tratar a los invitados es esa? No me extraña que se hayan ido los demás…

Pero en una conversación rodeada por un coro de bromas, Zack no tarda en cagarla:

-¡Dentro de poco empezamos gira!

Suelto mi hamburguesa inconscientemente, pero segundos después estoy rectificando mi reacción espontánea cogiendo el vaso de refresco. Sé lo que significa que se vaya de gira… mi padre me ha enseñado su significado de la manera más dura, basta con decir que la última vez que lo vi fue hace hoy, exactamente, dos meses. No quiero que Zack se vaya… mis motivos están claros: egoísmo puro y duro, pero además siento que me lo debe, al fin y al cabo, yo sigo aquí y creo que su opinión tuvo mucho que ver en mi decisión. Absorbo ligera y lentamente con la pajita antes de volver a preguntar.

-¿Cuánto tiempo...?- No termino la pregunta.


-Los dos primeros meses estaremos por Estados Unidos, luego nos toca otro mes en Reino Unido, después Europa y volveremos a un festival de Inglaterra que aún no está confirmado el cartel pero nuestro management está organizándolo todo, en total: casi seis meses sin pisar mi casa.

Acabo de soltar el vaso pero su respuesta me seca la garganta hasta tal punto que recupero mi fuente de repostaje violentamente.

-Tú lo tienes más fácil- comienza Jacob- quiero decir, nadie te espera en casa ni nada…

-Ahora sí.- Añado yo. Distingo un nuevo brillo en la mirada de Zack, unos ojos dulces analizan mi mirada, no me incomoda, al contrario de lo que pueda parecer, me siento como en casa danzando en ese mar que son sus ojos, un mar que refleja pureza y promete el cielo. A partir de ese momento supe que algo entre nosotros había cambiado: no habíamos compartido cama, ni bronca, ni tampoco hemos estado a punto de morir juntos, pero sé que estamos más unidos que antes.

Jacob interrumpe el momento con un carraspeo y Zack se apresura a contestar.

-Gracias, chicos. De todos modos, volveré a ver a mi familia cuando toquemos en Baltimore, eso me anima.

Terminamos la comida y depositamos las bandejas en su lugar correspondiente antes de abandonar el lugar. El plan a continuación era conducir hasta un centro comercial normal (y con normal me refiero a uno cuyas tiendas están al alcance económico de más de diez personas contadas de todo el estado de California) y es que, al ser final de mes, nuestro padre nos había pasado la paga, una paga excesiva, he de decir, pero sin llegar a ser millonaria. Antes de la discusión, Adrienne me había entregado una tarjeta de crédito por petición de mi padre, algo que le agradecí por myspace.

Entramos en aquel país de las maravillas diseñado a lo Victoria Beckam: pijo y europeo, oh yeah! Resulta de aquello un perfecta y completa tarde. Jacob acaba con dos adquisiciones de la casa de Ralph Laurent y una exquisitez de Levi’s. Zack, por su parte, resulta con diversas prendas de Nike: dos pares de zapatillas y algunas sudaderas bastante básicas. Yo me doy el capricho padre también, por supuesto: un par de Chuck Taylor nuevas (Converse, para los ignorantes) un libro de un autor español (testearé a los traductores americanos por primera vez) y tres Cds; sí, un libro y CDs: cosas tan normales que rayan la vulgaridad en ese mundo de materialismo, un mundo donde se compra dignidad y se venden sonrisas.